| Derechos humanos

Quince años después: el testimonio de Jorge Julio López contra Etchecolatz en un nuevo juicio

El testimonio que dio en 2006 fue escuchado nuevamente. Está desaparecido desde ese año.

López está desaparecido desde 2006.

El relato desgarrador del albañil Jorge Julio López, quien hace 15 años acusó al represor Miguel Etchecolatz de torturar y comandar masacres, se escuchó nuevamente hoy ante un tribunal federal de La Plata que proyectó el testimonio que brindó en 2006, en un juicio contra el excomisario bonaerense en cuyo marco el militante fue desaparecido, en plena democracia.

“Es un asesino serial, no tenía compasión”, dijo López sobre Etchecolatz, aquella mañana del 28 de junio de 2006, cuando declaró ante el Tribunal Oral Federal 1 (TOF 1) de La Plata, que presidía Carlos Rozanski, que juzgaba al exdirector de Investigaciones de la Policía de la provincia de Buenos Aires.

En esa oportunidad, aseguró que “él (Etchecolatz) personalmente, les digo a todos los que están presentes, dirigió esa matanza”. López desapareció el 18 de septiembre de 2006.

El relato extenso, minucioso y emotivo que brindó López en esa audiencia volvió a escucharse hoy, 15 años después, al ser proyectado por el TOF 1, presidido ahora por Andrés Basso, que nuevamente tiene sentado en el banquillo a Etchecolatz y al jefe del servicio externo de la Unidad Regional de La Plata, Julio César Garachico, por los tormentos infligidos a 7 personas cautivas en el centro clandestino conocido como “Pozo de Arana”.


Etchecolatz está imputado de la privación ilegal de la libertad, torturas y homicidio de Norberto Rodas y Alejandro Sánchez, mientras que a Garachico se le imputaron las privaciones ilegales de la libertad y torturas en perjuicio de Patricia Dell’Orto, Ambrosio de Marco, Norberto Rodas, Alejandro Sánchez, Francisco López Muntaner, Guillermo E. Cano y Jorge Julio López, y los homicidios de Patricia Dell’Orto, Francisco Ambrosio de Marco y Norberto Rodas.

El testimonio

Durante la audiencia de hoy, con la proyección del testimonio que resultó clave para condenar a Etchecolatz por genocida, López pareció estar allí, con su boina gris oscura y su campera roja, reviviendo los padecimientos sufridos tras ser secuestrado a fines de octubre de 1976 por un grupo de personas entre las que estaba el excomisario, y su paso por cuatro centros clandestinos hasta su liberación en 1979.

“Etchecolatz decía: ‘Mirá, voy a felicitar al personal porque han agarrado dos de estos Montoneros’ y estábamos con (Norberto) Rodas y nos picanearon toda la noche”, dijo el albañil, que también identificó a Garachico en esos centros.

Recordó que “Etchecolatz estaba a un costado y desde ahí ordenaba ‘dale, subí un poco más’ (en alusión a la picana) y me decía ‘¿Vos me conocés? Hacete el guapo como lo hiciste aquella noche’. Ese día la picana no me hacía mucho porque era con batería. Sentía cosquilleo. ‘Ahora sí acá vas a sentir, vas a ver'”.

Contó la llegada al Pozo de Arana de Patricia Dell’Orto y su esposo Ambrosio de Marco, a quienes conocía de su militancia en la unidad básica de Los Hornos, partido de La Plata.

Se quebró

Y su voz se quebró al recordar el pedido que le hizo la mujer si lograba salir vivo de ese centro clandestino: que fuera a casa de sus padres, les dijera dónde estaba y le diera un beso a su hija en nombre suyo.

“El marido estaba tirado en el suelo e iban y le decían ‘levántate, ¿no ves que ahí están tus muchachos, tu montoneros, y les va a dar vergüenza que un jefe sea tan flojito y esté tirado?'”, recordó López.

Relató, quebrándose, que “después la sacan a Patricia. Patricia gritaba ‘No me maten, no me maten. Llévenme a una cárcel, pero no me maten. Quiero criar a mi nenita, a mi hija'”. Con total seguridad, el albañil dijo entonces al Tribunal: “Si un día encuentran el cadáver o la cabeza, tiene el tiro metido de acá (señalándose el centro de la frente), y sale por acá (la nuca). Después sacaron al marido, Ambrosio De Marco. Él no se levantaba, entonces lo agarraron entre dos o tres y lo sacaron a la rastra y otro tiro”.

“Un día pensé: si un día salgo y me encuentro a Etchecolatz yo lo voy a matar, yo, pero…¿qué voy a matar a esa porquería?”, concluyó el albañil desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006, cuando salió de su casa rumbo al Palacio Municipal de La Plata donde se desarrollaba el juicio contra el expolicía e iban a leerse los alegatos.