| Meses antes de su muerte

Arranca el juicio contra un ex policía acusado de torturar a Luciano Arruga

Cuatro meses después de esa detención irregular, el adolescente salió de su casa y nunca más apareció. Su cuerpo fue enterrado como NN en el cementerio de la Chacarita.

Luciano fue enterrado como NN.

Luciano fue enterrado como NN.

Un ex policía bonaerense comenzará a ser juzgado el lunes como acusado de las torturas sufridas en un destacamento de Lomas del Mirador en 2008 por el adolescente Luciano Arruga, quien desapareció cuatro meses después de ese hecho.

Se trata del oficial principal Julio Diego Torales (35), detenido desde enero de 2013, que estará sentado en el banquillo de los acusados frente al Tribunal Oral en lo Criminal 3 de La Matanza.

La audiencia comenzará a las 10 en Juan Florio 2765, de San Justo, y será encabezada por los jueces Diana Volpicina, Gustavo Navarrine, y Liliana Logroño.

Con la intervención del fiscal de Laferrere José Luis Longobardi, se estima que durante toda la semana declararán unos 40 testigos, entre quienes estarán Mónica Alegre y Vanesa Orieta, madre y hermana de la víctima, respectivamente.

En el juicio, ambas estarán representadas por los abogados Maximiliano Medina y María Dinard del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y Juan Manuel Combi, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Matanza.

«Este juicio tiene mucha importancia en relación al hostigamiento previo a la desaparición de Luciano por parte de la Policía. Es una causa que expresa la situación general que sufren los jóvenes pobres de barrios populares», dijo a Télam Paula Litvachky, directora del área de Seguridad y Justicia del CELS.

Según la acusación, en 2008, Luciano tení­a 16 años y era hostigado de forma constante por integrantes de la Policí­a Bonaerense porque, presuntamente, se negaba a robar para ellos.

El 22 de ese año, fue detenido de manera ilegal por efectivos del destacamento de Lomas del Mirador, donde actualmente funciona un Espacio para la Memoria, y estuvo allí­ privado de su libertad ocho horas acusado de haber robado un celular.

Según surge de la causa, el ahora ex policí­a Torales, quien en ese momento estaba a cargo del destacamento, junto a otros dos agentes aun no identificados, torturaron a Luciano con golpes, insultos y amenazas.

Por ese delito, el ex policía enfrenta una pena de entre 8 a 25 años y del debate podrí­an surgir elementos para identificar a los otros efectivos responsables.

Litvachky recordó que la hermana de Luciano lo fue a buscar al destacamento y en ese momento escuchó sus gritos cuando lo estaban torturando.

En tanto, la madre de Arruga contó que al ser liberado, su hijo le contó que habí­a sido golpeado y señaló a Torales.

Las lesiones fueron constatadas por médicos del Policlínico de San Justo y desde entonces el chico fue interceptado varias veces en la calle por la policí­a.

En su indagatoria, el efectivo admitió haber estado en el destacamento cuando Arruga fue demorado, pero negó haberlo golpeado.

Cuatro meses después de esta detención, el 31 de enero de 2009 a las 21, Luciano salió de su casa de Lomas del Mirador, pero nunca regresó.

Luego de seis años sin saberse nada de su paradero, el 17 de octubre el CELS anunció que el cuerpo del adolescente habí­a sido encontrado enterrado como NN en el cementerio porteño de la Chacarita.

Después de rastrearse una causa judicial, se estableció que Luciano había sido atropellado por un auto la madrugada del 1 de febrero a las 3.21 cerca del cruce de la avenida General Paz y Emilio Castro, cuando cruzaba corriendo la autoví­a.

El conductor del vehículo declaró que Luciano estaba «desesperado, como escapando de algo».

Un motociclista que fue el primero en auxiliarlo relató que cerca de allí había estacionado un patrullero de la Bonaerense, lo que para los investigadores refuerza la hipótesis de que el chico era perseguido por policías y por eso, pese a que había un puente cerca, no lo utilizó.

Estos datos se suman a otras irregularidades detectadas esa noche, tales como que los móviles de la zona tuvieron un funcionamiento que no era el habitual y se salieron de sus cuadrí­culas.

Además, en el destacamento de Lomas del Mirador se adulteraron los libros de guardia y los policí­as, tras la desaparición de joven, desviaron la investigación.


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