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Por qué ganó Berni y perdió Garré en la interna por la seguridad

Por Rafael Saralegui.

La designación de Arturo Puricelli al frente del Ministerio de Seguridad es la salida que encontró la presidenta Cristina Fernández para desactivar un estado de conflicto permanente en una cartera que se ocupa de uno de los temas que más preocupan a la población y que no podía seguir siendo desatendido de cara a las próximas elecciones de octubre.

La relación entre la ministra saliente, Nilda Garré, propuesta como embajadora ante la OEA, y su segundo, el médico militar Sergio Berni, secretario de Seguridad que mantiene su cargo, era pésima, hasta punto tal que cuando había actos protocolares se negaban a compartir el mismo escenario.

Berni construyó la imagen de un hombre ejecutivo.

Berni construyó la imagen de un hombre ejecutivo.

Berni construyó en los medios la figura de un hombre ejecutivo, que resuelve los conflictos y opacó cada vez más la figura de Garré, convocada por la presidenta para conducir el Ministerio de Seguridad, cuando decidió su creación en octubre de 2010.

En privado Berni y Garré hablaban muy mal uno del otro, lo que en la práctica se evidenciaba en una suerte de conducción paralela sobre las fuerzas de seguridad (Policía Federal, Prefectura Naval, Gendarmería Nacional, Policía de Seguridad Aeroportuaria) y en el diseño de las políticas del sector.

Ese enfrentamiento se agudizó en octubre del año pasado cuando se desató un conflicto en la Gendarmería Nacional, a la que luego se sumó parte de la Prefectura Naval, mientras la Federal se mantuvo al margen, por una mala liquidación de los salarios de los efectivos.

Berni fue quien llevó adelante las negociaciones para calmar los ánimos de los sublevados y corregir las liquidaciones que habían sido mal realizadas. El tema finalizó con la renuncia de Raúl Garré, hermano de Nilda, y hasta entonces su jefe de gabinete.

Raúl Garré fue identificado como el autor del decreto que supuestamente iba a corregir el caos administrativo en que se había convertido la liquidación salarial de los gendarmes y prefectos y que terminó provocando un conflicto aún mayor. También terminó con el retiro de la cúpula de la Gendarmería, también afectada por los coletazos del llamado Proyecto X, de espionaje a personas del ámbito civil.

La salida de Garré y la llegada de Puricelli, cuestionado por su deficiente gestión al frente del Ministerio de Defensa (basta recordar las peripecias sufridas por la Fragata Libertad en su último y embargado viaje), significan sin embargo la decisión de la presidenta Fernández en apoyarse en funcionarios a los que conoce desde los comienzos de su carrera junto a Néstor Kirchner en Santa Cruz.

Berni conoció al matrimonio presidencial en Río Gallegos, cuando se había incorporado al Ejército como médico y estaba destinado en el Sur. Puricelli también los acompañó desde aquellos lejanos primeros tiempos.

«Lo conozco hace 20 años; me une una amistad; más que una amistad, me une una militancia de más de 20 años», fue la gráfica definición hoy de Berni sobre los vínculos que mantiene con Puricelli, su nuevo jefe.

Consultado sobre sus diferencias con Garré, Berni se limitó a informar que un secretario «no se lleva mejor o peor con un ministro». «Un secretario cumple las directivas del ministro y no tienen nada que ver las cuestiones personales», remató.

Puricelli, que no es un experto en seguridad, prometió esta mañana «poner todo» de sí en la nueva función que comenzará el lunes «para que la gente se sienta cada vez más segura y se termine con este flagelo del delito».

Puricelli admitió que la seguridad «es un tema que el Gobierno lo tiene entre sus principales prioridades», dijo que es un «gran desafío» para él pero resaltó que el viceministro Sergio Berni «es una herramienta importantísima para llevar adelante la política de seguridad que es democrática y respetuosa de los derechos humanos».


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