| Columnistas

El inmenso garito sobre el que pocos hablan

Por Roberto Battaglino

El garito se está ampliando. Los juegos programados, no de azar, se extienden como una mancha en Argentina, con un mapa en el que pobreza y apuestas están rozando peligrosamente sus coordenadas.

Todo parece indicar que el año que viene será el de la oficialización de las posturas instantáneas en el fútbol.

No se tratará de juegos como el Prode de la década de 1970, en el que se apostaba por los resultados finales de los partidos, sino de un riesgoso mecanismo a través del cual se podrá apostar en tiempo real, desde cualquier dispositivo móvil o computadora, a distintas variantes del juego. Desde a quién le sacan la primera amarilla hasta cuántos goles de cabeza se hacen en un partido.

Se estima que el movimiento de fondos será varias veces millonario.

Si ya penden sospechas sobre el manejo actual del fútbol, lo que viene abrirá las puertas a mucho más que suspicacias. Por citar un ejemplo reciente, ¿cómo explicará un árbitro como Germán Delfino el penal que le cobró el sábado a Belgrano, en Rosario, si aparece una cierta cantidad de apuestas a que Newell’s haría aquella tarde dos o más goles?

“Julio Grondona dejó instrucciones”, escribió en Twitter, enojado, un avezado periodista identificado con el Celeste, antes del empate sobre la hora de Emiliano Rigoni.

Más allá de la reacción de un hincha con la red social a mano, la frase esconde una verdad: antes de morir, Grondona le concedió al zar del juego en la Argentina, Cristóbal López, el deseo de un torneo con 30 equipos. El empresario kirchnerista necesita de muchos partidos para aumentar la rentabilidad de su negocio.

Los dirigentes del fútbol utilizan una lógica argumental llena de perversidad, a tono con lo que venía sosteniendo Grondona: las apuestas clandestinas ya existen; hay que legalizarlas y quedarse con el negocio.

Hay un elemento curioso en el tema. Casi no hubo voces desde la política pronunciándose sobre un tema tan delicado. El único que dijo algo fue un obispo de mucha confianza y amistad con el papa Francisco –el titular de la Pastoral Social, Jorge Lozano–, quien recordó el esquema de corrupción que rodeó a la liga italiana

Los candidatos presidenciales no se han definido sobre los diversos sistemas vigentes en el país, algunos de ellos, como las tragamonedas, con efectos devastadores sobre la población de menores recursos.

Ha sido dicho más de una vez pero vale recordarlo: los dineros que maneja el juego son cuantiosos y suelen estar vinculados con el financiamiento de campañas electorales.

Manos atadas

En Córdoba, el Tribunal Superior de Justicia le prohibió hace unos días a la Municipalidad de Río Cuarto limitar los horarios de salas con tragamonedas. El intendente Juan Jure analiza ir a la Corte Suprema, después de varios años que viene alertando sobre el efecto social de estos sitios, donde concurren mayoritariamente jugadores de bajos ingresos.

Un intendente no puede limitar que los habitantes de su ciudad dejen sus escuálidos ingresos en una maquinita, que no tiene nada de azar sino que se rige por un programa que estipula una escasa cantidad de premios por la cantidad de apuestas realizadas.

El argumento de promoción del turismo que usó en su momento el Gobierno provincial para permitir las slots no se sostuvo ni en el origen. Se encargaron de desbaratarlo decenas de pueblos y ciudades que tienen con salas de juego y donde no para un turista ni a cargar combustible.

Ramón Mestre se ufana de gobernar la única capital de provincia que no tiene casinos en su ejido urbano. Desde hace tres gestiones, la ciudad de Córdoba se mantiene alambrada, pese a presiones nacionales y provinciales, públicas o privadas, para que pase a formar parte del gran garito argentino.

Fuente: La Voz.


Compartir: