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Comenzó el juicio por el misterioso homicidio de un comisario

Por Rodolfo Palacios.

Tiene miedo. No sale sola a la calle. Y cree que detrás de todo hay grupos mafiosos que siguen impunes. Desde que volvió a la Argentina, la joven paraguaya Liliana Acosta, de 26 años, no duerme tranquila. No es para menos: está acusada de ser partícipe del crimen de su pareja, el comisario retirado Oscar Beauvais, asesinado de cuatro balazos el 17 de agosto de 2005 en un descampado de Villa Centenario, partido de Lomas de Zamora. El  juicio oral lleva dos semanas y está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal N° 2 de San Justo. El veredicto está previsto para dentro de dos semanas.

Acosta podría ser condenada a 35 años de prisión.

Acosta podría ser condenada a 35 años de prisión.

“Soy inocente, no tengo nada que ver. No hay pruebas en mi contra. Amaba a Oscar y éramos felices. Tengo mucho miedo que me pase algo, a mí o a mi hijo. Acá hay algo raro y no sé qué es. Me han hecho mucho daño. Han llegado a decir que mi hijo, que tiene seis años, no era hijo suyo. Es igual al padre”, dijo Liliana Acosta a CyR. Está acusada de ser partícipe necesaria del crimen. Los otros imputados que comenzaron a ser juzgados son Margarita Valdez Aquino, Abraham Lirio Benitez, Hugo Rigoni, Miguel Ángel Jumilia, Alberto René De Los Santos Sanabria, Osvaldo Azcona González y Sixto Martínez Santa Cruz. Se exponen a penas máximas que van de los 10 años a la cadena perpetua. Acosta afronta una pena máxima de 35 años.

“Creo que a Oscar lo mataron porque sabía algo, pero no sé qué. En ese tiempo yo tenía 19 años y con esa edad no voy a organizar algo para ponerme toda la cúpula policial encima y secuestrar a mi marido mi pareja el papa de mi hijo”, dice Acosta.

Los investigadores descartaron que se haya tratado de un crimen mafioso, aunque está claro que el comisario transitaba mundos oscuros. La hipótesis principal es que Acosta organizó el crimen de Beauvais para robarle unos 300 mil pesos que tenía guardados en una caja fuerte en su departamento de Ramos Mejía. Para eso contó con la complicidad de una banda de ladrones que actuaba en Paraguay. Según la investigación, cada uno cumplió un  rol, desde el secuestro, el cuidado de Beauvais durante el cautiverio (habría estado secuestrado cuatro días) y la ejecución del crimen a sangre fría.

“Me condenaron desde un principio, pero no tuve nada que ver. Quiero que se sepa la verdad. Quiero que se descubra quién mató a Oscar”, dice Acosta.

En la causa, que estuvo a cargo del fiscal de Lomas de Zamora Guillermo Morlacchi, hubo una serie de irregularidades. Una de las más graves fue las condiciones de detención a las que fue sometida Acosta. Embarazada de cinco meses fue encadenada a la cama de un hospital. Los pesquisas dicen que el testimonio de un miembro de la banda que confesó, una serie de escuchas y el entrecruzamiento de llamadas comprometen a Acosta, que al momento del asesinato tenía 19 años.

Beauvais era un policía polémico con un alto perfil: fue echado de la fuerza el 15 de diciembre de 2004, después de criticara en la revista Poder al por entonces presidente Néstor Kirchner, a quien acusó de querer “perpetuarse en el poder”. También dijo que Hilda González de Duhalde era una “perversa jorobada” y que Aníbal Ibarra, que en ese tiempo era jefe de Gobierno porteño, era un “bobo del año cero”.

En su dilatada carrera policial se destaca su intervención en el recordado Operativo Strawberry, concretado en 1997, en el que se secuestraron 2.181 kilos de cocaína ocultos en tambores con pulpa de fruta. También se destacó como jefe Departamental de Dolores y de La Matanza.

Beauvais conoció a Acosta en un cabaret de La Plata. Ella tenía 19 años. Se enamoraron y él la llevó a vivir a su casa. Tuvieron su romántica luna de miel y ella quedó embarazada meses antes de que lo mataran. Nunca quedó en claro los vínculos del comisario con la prostitución y si en realidad la relación con esa joven fue después de la rescatara de una red de trata o los proxenetas la usaran de moneda de cambio en medio de un negocio turbio.

La investigación tuvo otras pistas que no siguieron. Uno de ellas fue el móvil político. Se supo que Beauvais trabajaba como investigador privado y tenía una carpeta con fotos de algunos políticos. Nunca quedó claro qué hacía con ese material, quién se lo pedía y a cambio de qué cantidad de dinero.  El policía estaba escribiendo un libro sobre la Bonaerense, titulado Los Patanegra, “el principio del fin de la Policía Bonaerense”. Sobre el contenido de ese libro hay dos versiones muy opuestas: algunos dicen que era contra la corrupción policial, aunque no desde una mirada crítica, sino desde un espíritu reivindicatorio de la fuerza que supo ganarse el calificativo de Maldita Policía.

El narcotráfico, la trata de personas, el submundo del hampa y sus presuntas amistades peligrosas, llevaron al abismo al comisario que supo tener sus 15 minutos de fama con operativos mediáticos y declaraciones políticamente incorrectas. ¿Hay una mafia oculta detrás de su ejecución? ¿O sólo fue el mal negocio de una banda inexperta que echó todo a perder? Quizá la respuesta esté en el juicio.


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