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Arquímides Puccio quiere que Pablo Trapero lo llame para hacer su película

 

Por Rodolfo Palacios.

En el video casero, que en Youtube tiene 204 reproducciones, parece un viejito simpático. Sonríe y camina tomado de la mano de una mujer mucho más joven que él. En la otra mano leva un portafolio. Esa mujer viste de negro, de la cabeza a los pies. A simple vista se asemeja a  los personajes lúgubres de Ceremonia secreta, la novela de Marco Denevi.

Ese anciano que se jacta de ser un seductor incurable y vivir como un pibe de 20 años, es Arquímedes Rafael Puccio, el tristemente célebre líder del clan Puccio: la familia de San Isidro que secuestraba y mataba empresarios en el sótano de su caserón. A los 82 años, Puccio está en libertad condicional y vive en una pensión de General Pico. Su nombre volvió a aparecer en los medios hace pocos días porque el cineasta Pablo Trapero planea filmar una película sobre el caso, uno de los más emblemáticos de la historia policial argentina.

“Es una historia muy fuerte, paradigma de tiempos extremos, los del final de la dictadura argentina y la Guerra de las Malvinas. La clase media alta está frecuentemente idealizada, y habitualmente es normal para ellos tomar decisiones sobre los demás. Mi retrato será sobre las bambalinas de esta familia y su negocio”, dijo Trapero a la revista Variety.

Enterado del proyecto del director de Carancho, Leonera y Elefante blanco, Puccio dijo que no lo llamó ningún productor de cine. “Supe del tema por lo que salió en los diarios. Si van a hacer una película que cuenten la verdad. Que no compren lo que salió en la prensa y lo que sentenciaron los jueces, que eran unos gorilas bárbaros”, dijo Puccio a CyR. ¿Permitirá que su caso y su nombre lleguen a la pantalla grande o pedirá dinero a cambio de no hacer juicio? “No sé qué haré, veré si me llama esta gente de la película”, dice Puccio. Otra opción es que en la película cambien los nombres y algunas situaciones del caso.

En General Pico, donde vive desde que fue liberado, hace cinco años, Puccio se puso de novio con una mujer de 48 años. Se conocieron en un juzgado pampeano. Puccio ejerce como abogado civil y ella se convirtió en su clienta. Y luego en su novia. “Sueño con casarme de blanco con él. ¿Qué pienso de su pasado? Son cosas de él, en eso no me meto”, dijo ella, que no quiso dar su nombre. Cuando el periodista que los entrevistaba, Cristian Caluori, le pidió que se dieran un beso ante la cámara, Puccio dijo: “No quiero tanta publicidad”. Luego dijo que se sentía como un “muchacho de 20 pirulos” y que con su novia hubo amor a primera vista porque “una cosa lleva a la otra”.

El clan Puccio cayó el 23 de agosto de 1985, en San Isidro, después de que un grupo de policías armados con pistolas y ametralladoras irrumpiera en el caserón de la calle Martín y Omar 544, en el centro de San Isidro. El jefe del operativo decidió ignorar la amenaza de Puccio, el líder de la banda detenido en Parque Patricios, cerca de la cancha de Huracán, donde planeaba cobrar un rescate de 250 mil dólares.

“¡Ustedes creen que soy un pelotudo! Mi casa está llena de dinamita. Si entran, van a volar en pedazos”, les advirtió. Pero era mentira: los policías derribaron la puerta y fueron al sótano de hormigón, cuya entrada estaba tapada por un ropero. Bajaron los 18 escalones de madera, pasaron por una bodega con 500 vinos y se encontraron con una celda casera: sobre un catre, entre cuatro paredes cubiertas de papel de diario, la empresaria Nélida Bollini del Prado sobrevivía encadenada desde hacía un mes. Al lado había un ventilador y un fardo con paja. Sus secuestradores querían hacerle creer que estaba en un campo. Arquímedes fue detenido con sus cómplices, entre ellos sus hijos Daniel “Maguila” y Alejandro, talentoso wing tres cuartos del CASI, el tradicional equipo de rugby de San Isidro, y ex jugador de Los Pumas, quien murió hace seis años.

Los vecinos creían que la familia era inocente. No podía ser que el señor Arquímedes Puccio, que los domingos iba a misa vestido de traje, hubiera arrastrado a los suyos al delito. Sintieron horror cuando se comprobó que entre 1982 y 1985, los Puccio habían secuestrado y matado a los empresarios Ricardo Manoukian, Eduardo Aulet y Emilio Naum. A casi 30 años de los crímenes, Puccio goza de buena salud y es feliz. Al menos eso es lo que dice.

 


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