| Columnistas

Festival de lobbies secretos durante la semana en la que el Gobierno no pegó una

Por Alejandro Bercovich

—La coordinación funcionó perfecto. Es natural y sano que haya diferencias entre los ministros y el banquero central porque persiguen objetivos distintos— insistió.

—¿Pero la economía puede estallar si no se hacen ciertos ajustes, como dijo el Presidente ante la CNN? —le preguntó BAE Negocios.

—Con la inflación cayendo, la economía creciendo y el crédito volando ¿cómo va a estallar? —respondió.

—¿Y si no se aprueba la reforma previsional y el Gobierno no consigue bajar el déficit?

—En ese caso habrá que tomar más deuda. Del Central esa plata no va a salir porque las transferencias al Tesoro son inamovibles. Después ustedes dirán si la trayectoria del endeudamiento es sostenible. Yo creo que es recontra sostenible —añadió.

La sesión de Diputados naufragó una hora después de terminado ese brindis. Alrededor del Congreso la represión policial contra los manifestantes evocaba aquel convulso diciembre de 2001 que Sturzenegger gambeteó por pocos días, gracias a la renuncia que le presentó a su entonces jefe directo, Domingo Cavallo, el 20 de noviembre. Desde la City, esta vez, no se oían tiros ni se olían gases.

Sturzenegger no siente que su política antiinflacionaria de tasas de interés recontraaltas haya fracasado. Aunque la inflación esté a punto de cerrar 2017 casi en el mismo nivel que las consultoras privadas estimaron para 2015 (24%), tras el pico del 41% que midió la Dirección de Estadística porteña para 2016, el banquero central insiste en que lo importante es la inflación “núcleo”, que no toma en cuenta los aumentos de tarifas y que marca 18%. Cuando le preguntaron sobre la sugerencia de Nicolás Dujovne de que las paritarias del año próximo se cierren con aumentos salariales del 16%, confesó: “En realidad nos gustaría un poquito más abajo”.

Gananciosos

Mientras todas las miradas se posaban en la reforma previsional y en la inflación, el proyecto de ley de reforma tributaria que también pretende aprobar durante el verano el oficialismo sufrió sensibles modificaciones producto de lobbies empresarios. La más sonora fue la marcha atrás con la suba de impuestos a las bebidas azucaradas, que había llevado a Coca-Cola a amenazar públicamente con suspender planes de inversión en el país por u$s 1.000 millones. Finalmente fueron los diputados tucumanos, incentivados por los ingenios de su provincia, quienes abortaron en comisión el súbito arranque dietético de Dujovne.

El caso de la cerveza fue más confuso. En la industria seguían sorprendidos ayer por el pedido de Diego Bossio de mantener el incremento del 8 al 17% de sus impuestos internos pese a la previa decisión oficial de suspenderlo para el vino ante las protestas de los bodegueros. Los más desconfiados sospechaban de su añejo vínculo con la viñatera Mendoza, donde recaló como subsecretario de Gestión Pública de Celso Jaque una década atrás, mucho antes de aterrizar en la ANSES. “Es obvio que esto genera una diferencia de precio que va a favorecer al vino”, protestaban los cerveceros, que igual confían en que otros diputados lo reviertan en el recinto.

Hubo otros cambios que introdujeron los vicejefes de gabinete Gustavo Lopetegui y Mario Quintana que generaron malestar en Hacienda porque se pretendieron hacer pasar como aportes de los diputados en el debate en comisión. El más llamativo es la rebaja del IVA a la mitad para la carne de pollo y de cerdo, que las equipara en el beneficio con la carne vacuna. Uno de sus beneficiarios será el flamante dueño de Cresta Roja, Santiago Perea, compañero de grado del Champagnat de Marcos Peña. ¿Llegará la rebaja a los consumidores?

Lo que Hacienda incluyó sin patalear fueron todos los retoques que pidió Juan José Aranguren a su borrador. Incluso los que parecen tener nombre y apellido, como la exención de IVA y Ganancias para los generadores de energías renovables que figura en su penúltima página, como artículo 14 de las “disposiciones finales”. Los grandes ganadores del negocio de la electricidad verde, hasta ahora, son el comprador de la constructora de los Macri, Marcelo Mindlin, y el “hermano de la vida” del Presidente, Nicolás Caputo. De rebote, no obstante, también usufructuará la exención un enemigo de Macri y Peña: el banquero Jorge Brito, dueño de Genneia.

Remedios y pelotazos

Otro magnate de estrecha relación personal con el Presidente, el laboratorista Pablo Roemmers, lucía preocupado el martes en el Centro Cultural Kirchner (CCK) cuando terminó de hablar el chino Jack Ma, fundador de AliBaba, en el arranque del foro empresarial que se realizó en paralelo a la frustrada cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC). A Roemmers no lo preocupaba la reforma tributaria sino la posibilidad de que al día siguiente su amigo anunciara el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), que entre otros costos para la Argentina introduciría una protección especial de cinco años para las patentes de medicamentos europeos. Un aspecto clave de esa negociación comercial (podría disparar los precios locales de remedios oncológicos y antirretrovirales cuyas fórmulas hoy se copian) curiosamente soslayado por los medios.

El acuerdo con la UE, al final, también debió ser aplazado. Fue el otro gran traspié de la semana para Macri, quien quiso apurar a los negociadores europeos en una jugada de pinzas con Michel Temer que no funcionó. Roemmers respiró tranquilo y seguramente se habrán frustrado entusiastas de la apertura como Gustavo Grobocopatel, quien pedía “más Jack Ma y menos De Mendiguren”. Lo que terminó de quedar claro para los hombres de negocios es que las decisiones de política exterior las toman el Presidente y Fulvio Pompeo. Ni el canciller Jorge Faurie ni el joven promotor comercial Horacio Reyser tenían idea de lo empantanadas que estaban las negociaciones. Menos aún el subsecretario de Comercio Exterior, Shunko Rojas. Según él, el martes ya se discutía “la letra chica”.

Entre los cambios de trasnoche introducidos en la reforma tributaria de Dujovne, por último, brilla también una ventaja que YPF reclama desde hace 15 años en el Tribunal Fiscal: que le permitan imputar como inversiones los costos de “cierre de pozo”, que inflan el rojo de sus balances. A cambio de la reforma, el Gobierno bien podría pedirle a la petrolera de bandera que vuelva a comprar en Argentina las pelotas de fútbol que entrega masivamente a sus clientes con tarjeta Serviclub. Aunque hay más de 30 fábricas que las cosen en el país, YPF volvió a traerlas de China y amplió el pedido a 1,2 millones de pelotas. De nada sirvió el proyecto de ley que presentó a mitad de año Norma Durango (PJ-Córdoba) para que no se repitiera la historia del último verano y para que se atendiera la crisis de los marroquineros de Belleville, la capital nacional de las pelotas. Disciplinada, Durango votó igual a favor de la reforma previsional


Compartir: