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Un nuevo caso de gatillo fácil en La Plata con un adolescente como víctima

La conferencia de prensa en la que se denunció el caso.

La conferencia de prensa en la que se denunció el caso.

Por Javier Sinay.

El 19 de noviembre de 2013, Brian Mogica –un chico de 16 años residente en el barrio San Carlos (de Melchor Romero), en la periferia humilde de la ciudad de La Plata– y su amigo Alejandro Villalba se toparon en el cruce de las calles 520 y 143 con Gabriel Benjamín Yuget, un policía de la división de custodia del gobernador bonaerense Daniel Scioli, que iba de civil y que, como aquellos dos, también iba en moto. En un incidente confuso que se dio en pocos segundos, hubo un cruce de palabras y Yuget extrajo su arma reglamentaria, con la que abrió fuego contra los otros dos. Una de las balas atravesó a Mogica y dio de lleno contra Villalba: el primero de ellos murió, el segundo quedó herido. El policía contó después que había sido amenazado con un cuchillo, pero en su declaración judicial no habló de un robo, tal como esperaban los investigadores, sino que dijo haberse asustado sin terminar de comprender la situación.

“La legítima defensa que aduce fue desproporcionada y no corresponde”, dijo Julián Axat,  titular de la Defensoría Oficial de Menores N° 16 de La Plata, en una conferencia de prensa realizada para pedir que se investigue el asesinato. En la oficina de la Asociación Miguel Bru también participaron del encuentro Rosa Bru (la madre del joven asesinado y desaparecido en un caso emblemático de violencia institucional, en 1993), Agustina Agüero (la madre de Brian Mogica), Dante Miño (abogado de la madre de Mogica) y Sandra Gómez, la madre de Omar Cigarán, otra víctima joven de las barriadas de La Plata. El nombre de Omar Cigarán es uno de los eslabones de la denuncia por homicidios de menores en casos de enfrentamientos callejeros con policías de civil –que presuntamente responden con sus armas a un intento de robo– que en mayo del año pasado presentó Axat ante la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Buenos Aires. En aquel texto –y tal como informó Crimen y Razón: http://crimenyrazon.com/temas/bano-de-sangre-joven-en-la-plata-7-homicidios-en-11-meses/–, el defensor listó siete casos en once meses y pidió que se acabe el laissez faire con el que la Justicia cobija estos crímenes. Pero desde entonces se han sumado a la lista otros cuatro. El de Brian Mogica es uno de ellos.

El problema de los ladronzuelos en moto es frecuente en La Plata: se rumorea, incluso, que el intendente Pablo Bruera dio la orden de endurecer la represión policial contra ellos y de echar un manto de impunidad sobre los policías que en esta campaña cometan excesos. El rumor no puede ser comprobado, pero sí es fáctico que el policía Yuget no está imputado por el homicidio y que la causa, en manos del fiscal de instrucción Tomás Morán y del juez de Garantías Juan Pablo Massi, está caratulada como tentativa de robo. “Hay una connivencia clara entre la policía y la Justicia, que no abre todavía la causa por homicidio que estamos pidiendo”, dijo, en ese sentido, Rosa Bru.

Por su parte, Alejandro Villalba, el acompañante de Brian Mogica, pasa sus días con prisión domiciliaria. Mayor de edad, fue enviado a una comisaría donde sufrió abusos y quemaduras, y eso –sumado a su lenta recuperación por el disparo que recibió en el incidente– convenció al juez de mandarlo a pasar su prisión preventiva a casa. “Hay una disparidad de criterios: el chico que participó del hecho tiene prisión domiciliaria, pero el policía que mató a Brian no está imputado y ni siquiera tiene un sumario administrativo”, consideró el abogado Miño.

Durante la conferencia, el defensor Axat señaló las similitudes entre los casos de Mogica, Cigarán y otros: “la escena del crimen siempre se da en un supuesto robo donde la víctima es un policía fuera de servicio, que viaja en un vehículo que casi siempre es una moto, y usa su arma reglamentaria para ejecutar por la espalda al chico”. Después del homicidio, las causas no son inmediatas y los policías no son separados de sus tareas. “La violencia institucional tiene sus formas y sus transformaciones con el tiempo. Ahora estamos ante una de sus nuevas caras”, aseguró Axat.


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