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Mató a su familia, lo perdonó y tendrá un hijo con él: hoy comenzó el juicio

Por Rodolfo Palacios.

“Es raro lo que me pasa, pero es así”. Ni siquiera ella encuentra una explicación a sus actos. Romina Martínez, de 27 años, quedó embarazada de su ex pareja. Pero ese hombre es mucho más que eso: es el asesino impiadoso que mató con frialdad a la abuela, a la hermana y a la hija de la mujer que dice amar. El caso causó conmoción en el exterior.

El 27 de agosto de 2012, Juan Carlos Cardozo, de 25 años, mató a puñaladas a María Florencia Martínez (15), a Marisol (6) ya  Nilda Ham (76). El homicida había ido a buscar a Romina, que lo había dejado una semana antes y se había ido a vivir con la hija de tres años que ambos tenían. Para la fiscalía está probado que Cardozo actuó con alevosía y consciente de la criminalidad de sus actos. A la nena la ahorcó mientras dormía y a su ex cuñada la mató de 27 puñaladas. Hoy comenzó el juicio que se le sigue por el triple crimen. Ante el Tribunal Oral en lo Criminal 7 de San Isidro, integrado por Mónica Tisato, Eduardo Lavenia y María Cohelo, pasarán 31 testigos.

Romina dijo que perdonó al homicida.

Romina dijo que perdonó al homicida.

Antes de la masacre, la joven lo había denunciado en la comisaría de Garín, donde vivían, porque le pegaba y la amenazaba. Pero la historia tuvo un giro impensado: Romina no sólo perdonó al asesino, sino que también lo visitó todas las semanas y volvieron a estar juntos. Ella espera un hijo de él. “Lo perdoné. Tuve que salir adelante por la hija que tenemos. No deben condenarlo porque cuando él hizo lo que hizo estaba poseído. No era él, eran fuerzas sobrenaturales”, declaró la mujer a canal 9. Al periodista Federico Trofelli, de Tiempo Argentino, le confesó: “No fue él. No lo hizo porque quiso, algo se apoderó de él y usó su cuerpo”. Luego contó que después de haberla escuchado hablar con los medios, Cardozo le marcó varios errores y cosas que se olvidó de decir.

“(…) no sé cómo expresarme, es decir, todo esto que pasó. Te pido mil perdón (sic) aunque sé que no alcanzaría pero quiero que encuentres en tu corazón la clase de persona que fui con vos. Y que jamás hubiera hecho una cosa así. Vos sabes muy bien cuánto yo amaba a tu abuela, tu hermana y a María Sol. (…) quiero despertar de esta pesadilla o que esto no hubiese pasado. Yo con una mano en el corazón y que Dios desde allá arriba me castigue si yo fui realmente el responsable de todo esto. (…) Romina perdoname. Buscá el camino de Dios. Dejá todo lo que estás haciendo en esa religión (NdR:Umbanda). Te deseo lo mejor. Besos a mi negra. No sé cómo me tenés en tu mente. Sólo tenés que perdonarme”, es la carta que difundió Trofelli y que fue escrita por Cardozo.

“Evidentemente el hombre sigue teniendo un control sobre ella. Sólo basta escuchar o leer lo que ella dice para comprobar que no es coherente en su discurso. Es víctima del asesino. Hay una gran cantidad de casos de mujeres que se enamoran de los asesinos. Este caso es particular porque esta mujer defiende al hombre que mató a su familia. ¿Quiere redimirlo? Hay que seguir esta historia porque las cosas pueden terminar mucho peor”, analizó el psiquiatra forense Miguel Maldonado, que fue perito de parte del odontólogo Ricardo Barreda, que en 1992 mató en La Plata a su esposa, su suegra y sus dos hijas y en la actualidad vive con su novia, a quien conoció en la cárcel.

Lo que vaticina Maldonado ocurrió en otros casos. Uno de ellos tuvo un final tenebroso: Carla Figueroa perdonó a Marcelo Tomaselli, el hombre que la había violado. Al final, terminó matándola a cuchillazos. Ante los peritos, confesó: “La volvería a matar”. En 2006, en Colombia, una mujer colombiana cuya identidad se mantuvo en reserva, se enamoró del asesino de su hijo. “Me sacaste lo más lindo de mi vida, pero te amo y ahora eres tú lo más lindo de mi vida”, le dijo la mujer al matador.

La enclitofilia es el término que el francés Edmon Locard, pionero de la criminalística, usó a principios del siglo XX para definir la atracción sentimental y sexual que algunas mujeres sienten por asesinos, delincuentes o presos. “Es una parafilia extraña. Esas mujeres reemplazan a otras que fueron asesinadas pero no tienen el temor de que la historia se repita. Los criminales las manejan a su antojo”, dijo el médico legista Daniel Silva. Para Maldonado, “sería una desviación del instinto maternal”.

El caso de Claudio Álvarez es sorprendente. El 3 de noviembre de 2005 mató en Núñez a Elsa Escobar, de 53 años, y violó a su hija de 13. Le dieron perpetua. No pasó mucho tiempo solo: por chat telefónico desde la cárcel de Marcos Paz conoció a Natalia, de 23 años. “Es tierno y me protege”, dijo la chica.

“La Argentina está cerca de convertirse en la capital mundial de la enclitofilia”, dijo el forense Osvaldo Raffo, el primero que estudió el tema en el país. De hecho, la CNN y la BBC de Londres se interesaron por el caso de Edith Casas, la chica de Pico Truncado que se casó con Víctor Cingolani, condenado de matar a su hermana gemela.

“Este tipo de casos son inusuales. Acá, en el Reino Unido, la verdad no se ven casos así o al menos no se divulgan como sucede en la Argentina”, dijo a CyR Vladimir Hernández, periodista de BBC Mundo. Más allá de que será padre otra vez y fue perdonado por Romina Martínez, Cardozo puede enfrentarse a una condena de cadena perpetua. La historia continuará.

 


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