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Por qué los colegas de Pierri critican su estrategia en el caso Ángeles

Miguel Ángel Pierri ante la difícil tarea de defender a Jorge Mangeri.

Por Rodolfo Palacios.

“Con perdón de mi colega, pero el portero que vaya comprando un almanaque. ¿Para qué? Para contar los días que le quedan para salir en libertad. No lo salva nadie”. Sin vueltas ni lenguaje académico, el mediático abogado Víctor Stinfale –ex abogado del diablo- opinó sobre la situación judicial de Jorge Mangeri, detenido por el crimen de Ángeles Rawson, la joven de 16 años que había desaparecido el lunes 10 de junio y vivía en el edificio donde Mangeri era el encargado, en Ravignani 2360.

Hasta ahora, la defensa ejercida por el penalista Miguel Ángel Pierri no logró resultados favorables para Mangeri. Aunque en el aspecto mediático se parece a sus colegas Stinfale y Fernando Burlando, quienes creen que hay causas que se ganan en los estudios de televisión y no en los despachos judiciales, Pierri no aplicó el viejo principio que sostienen los típicos abogados “sacapresos”: que el acusado debe negar todo, por más que la evidencia vaya en su contra.

En un principio, Pierri tomó el caso y anticipó que si se trataba de un ataque sexual, iba a dar un paso al costado. Trabajó la defensa antes de que se hallara ADN de Mangeri debajo del as uñas de la víctima. Es decir, Pierri quizá pensó que iba a defender a un perejil. De hecho, reveló que en el expediente figuraba un llamado de  la funcionaria Graciela Caamaño, titular de la Secretaría de Cooperación con los Poderes Judiciales, Ministerios Públicos y Legislaturas, en el que le decía al juez Roberto Ponce que no estaba de acuerdo con la imputación de Mangeri, sospechaba que la policía le había pegado y temía que se suicidara. Pero con los resultados genéticos sobre la mesa, Pierri cambió de rumbo. Pasó de su encendida defensa de un perejil (sustentada con los testimonios de los vecinos y los familiares del portero que lo describían como un vecino ejemplar), a dar casi por hecho que su defendido tuvo que ver con el crimen. No lo dice directamente, pero al opinar que el caso se resolvería si apareciera una segunda persona, da por entendido que el portero es culpable pero no actuó solo.

El abogado Diego Storto tiene experiencia en defender hombres que han sido culpables de un delito, entre ellos Luis Mario Vitette Sellanes, uno de los ladrones del banco Río, a quien hizo hacerse cargo del hecho y así logró un juicio abreviado y la expulsión del condenado fuera del país, trámite judicial aún frenado. “Con todo el respeto que le tengo a Pierri, creo que el hecho de que Mangeri no haya declarado y se haya negado a que le hicieran las pericias psicológicas y psiquiátricas no lo favorece. Ningún juez va a sacar una resolución en la que indique que no declarar sea motivo de condena, pero es un indicio a tener en cuenta. Yo lo hubiese hecho declarar y buscaría bajar la calificación de homicidio por alevosía, que tiene pena de perpetua, por la de homicidio simple, que va de ocho a 25 años. El ADN es una prueba terriblemente indicativa. A mí, como abogado, ante un elemento probatorio de ese calibre, me quedan dos caminos: ante Doña Rosa pido la nulidad, pero ante la Justicia no hago nada”.

En varias ocasiones, Pierri busca al periodismo como aliado como método de presión a la Justicia o directamente para alivianar la situación de su defendido. Pero a veces incurre en episodios que no aportan nada a la causa, como darle a la prensa un fax enviado a su estudio en el que una supuesta vecina acusaba a la madre y al padrastro de Ángeles. Un simple checkeo bastó para confirmar que la patente del auto que aparecía escrita en ese fax había aparecido días antes en un canal. Es decir, el fabulador armó el falso relato con retazos de lo que aparecía en los medios.

“Jorge Mangeri tendría que haber declarado otra cosa”, dice un colega de su defensor.

Un abogado que ha trabajado en casos resonantes pero pidió reserva de identidad criticó la estrategia de Pierri. “En realidad, no está claro hacia dónde apunta. Yo sé que el mismo Pierri dice en los pasillos que el portero la mató, pero por otro lado sus acciones judiciales y mediáticas son ambiguas. Quiere involucrar a la familia de Ángeles, cuando la coartada del padrastro parece clara. Está empecinado en buscar a otro asesino en lugar de buscar atenuar la calificación judicial que pesa sobre su defendido. Otra alternativa podría hacerlo pasar como inimputable, que no comprendió sus actos. Creo que Pierri está confundido y no encuentra la llave de la defensa. El misterio, en los casos policiales, no sirve ni para embarrar la cancha”.

Para el penalista Alberto Domínguez, que como Pierri suele mediatizar los casos en los que interviene, Mangeri “está con fritas”. Cree que el ADN lo condena. “En el caso Candela había ADN de la nena por todos lados, menos ADN de ellos sobre ella. Un cadáver no rasguña. Si yo lo hubiese defendido a Mangeri, le hubiera hecho declarar que él movió las bolsas de consorcio y que muchas veces los descuidados de los consorcistas ponen escombro, vidrios, ramas, agujas y sustancias que lo queman. Y que la bolsa le pareció pesada pero aun así la tiró, y para que no le echaran la bronca que dijera que es exquisito, que se la comió, que la levantó que y la puso junto a las demás. Podría decir que recién después de tirar las bolsas (la más pesada hasta le hizo desacomodar la ropa fuera de los pantalones), se percató de las marcas y raspones que tenía. Esta declaración se la hubiera hecho decir, pues con el que calla ante todos, aunque sea inocente, pasa algo irremediable: la Justicia otorga”.


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