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Dos años de impunidad en el crimen de odio del prefecto Octavio Romero: asesinado por homosexual

Por Ignacio Ramírez.

El prefecto Octavio  “Tavo” Romero (33) desapareció el sábado 11 de junio de 2011 en Buenos Aires. Cuando salió de su casa había dejado la TV y las luces encendidas. Nunca llegó al lugar donde lo esperaban: había confirmado su presencia en una fiesta de unos amigos. Se lo tragó la tierra. Nada se supo de él a pesar de los esfuerzos que hicieron amigos y familiares para localizarlo.

Su cadáver desnudo apareció seis días más tarde flotando en el Río de la Plata flotando en la zona del partido de Vicente López. Presentaba golpes en el cuerpo, lo que revelaba un evidente  asesinato.

Romero era hostigado por sus compañeros de la Prefectura.

Romero era hostigado por sus compañeros de la Prefectura.

Tavo era efectivo de la Prefectura Naval Argentina desde los 20. Tenía toda una vida armada. Trabajo estable, y estaba feliz, a pocos meses de contraer matrimonio con Gabriel Gersbach, con quien mantenía una relación de más de 12 años. Iba a ser el primer uniformado en actividad en contraer matrimonio homosexual en ese país.

Octavio era traductor, había estudiado la Carrera de Licenciatura en Relaciones Públicas en la Universidad del Salvador. Era una persona normal, sin enemistades ni problemas concretos. Tampoco estaba en una investigación compleja que le pudiera traer problemas.

El último contacto fue el sábado 11 de junio a las 20.30 con sus amigos. Estaba en su domicilio particular preparándose para salir al cumpleaños que nunca llegó. Desde las de esa noche 22.30 su celular se apagó. Ya nadie respondía en su domicilio.

Su familia y pareja, siempre criticaron la deficiente pesquisa del crimen. La falta de imputados y sospechosos, provocó que sus allegados apuntara sus dudas hacia un crimen de odio, de características homofóbicas y perpetrado por más de una persona.

Tavo era efectivo de una fuerza de seguridad cerrada: toda su vida era de amor, con su familia y amigos. Salvo en el trabajo, donde lo hostigaban por su elección sexual. “Creo que a Octavio lo mataron entre varias personas, porque tenía un gran estado físico. No vamos a parar hasta saber la verdad”, relata su pareja Gabriel, quien hoy sigue batallando en busca de justicia.

La  elección sexual  y su historia de amor le había provocado rispideces en la fuerza desde hacía meses. “Incluso, compañeros tan cobardes como anónimos le habían dejado mensajes amenazantes en las paredes de los baños”, remarca Gerbasch.

La autopsia médico legal estableció que el cuerpo tenía contusiones en la cabeza, en la frente como y la nuca. Además presentaba un “pulmón congestivo”, lo que demostraba que respiraba cuando fue arrojado al río. Estaba vivo y agonizante cuando fue tirado al agua.

La investigación judicial la lleva la fiscal Stella Andrade de Segura, de la Fiscalía de Instrucción Nº 40 junto con la División Búsqueda de Personas de la Superintendencia de Investigaciones Federales. A la fecha, el expediente parece dormido, no tiene novedades relevantes.

En octubre de 2012 con dos votos a favor sobre uno, la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, resolvió un dictamen que aprobó la posibilidad de que Gersbach se presentara como querellante en la causa. El fallo de la Cámara reconocía el derecho de Gabriel como víctima. Además de reprender al magistrado Juan Ramos Padilla por haber dilatado la cuestión y por no haberse expedido con anterioridad. La impunidad lleva dos años.

 


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