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Víctor Cingolani habla en exclusiva desde la cárcel: “No soy el asesino de su hermana, soy el amor de su vida”

Por Rodolfo Palacios.

Los periodistas de la CNN en Español, de la BBC de Londres y del diario Der Spiegel de Alemania ya no insisten en busca de la nota exclusiva. El 14 de febrero, el Día de los enamorados, Edith Casas se casó con el hombre condenado por el crimen de su hermana gemela Johana. “No soy el asesino de su hermana, soy el amor de su vida”, dice Víctor Cingolani, que sigue detenido en la alcaidía de Pico Truncado, pueblo santacruceño de 21 mil habitantes. A dos meses de cumplirse tres años del crimen, todo parece haber vuelto a la normalidad: la gemela planea tener cuatro hijos con su marido, su madre se muestra resignada y hasta está dispuesta reconciliarse con su hija.

“La prensa compró esta historia como si fuera Dulce amor o alguna novela de Suar, por suerte ahora dejaron de llamarnos. Porque no debe vender que nos llevemos bien, que estemos felices a poco más de dos meses de habernos casado”, le dice Cingolani a Crimen y Razón desde un teléfono público desde el penal donde está detenido. Es una cárcel distinta a las bonaerenses: es limpia, no tiene superpoblación, los presos trabajan y sus familiares pueden vender lo que fabrican y durante las visitas pueden jugar al ping pong o a la Play Station.

A Johana Casas la mataron de dos balazos el 16 de julio de 2010. Su cuerpo fue encontrado por un entrenador de perros que recorría un descampado ubicado a unos cuatro kilómetros del centro de Truncado, en una zona conocida como cordón forestal, cerca de un santuario de la Difunda Correa.

Víctor y Edith se casaron hace dos meses.

Víctor y Edith se casaron hace dos meses.

En un principio, Edith declaró contra Cingolani. Dijo que estaba obsesionada con las dos, y que cada vez que él se peleaba con su gemela iba a sus brazos porque Edith “era lo más parecido que había a Johana”. Pero después se desdijo y retomó su relación con Cingolani. Ella dice que se puso de novia con él una vez que su hermana se había separado. “Creo en la inocencia de Víctor. Dijeron que estaba loca, enferma o que él me tenía amenazada o secuestrada. No puedo creer todo lo que inventaron. Creo en él. A mi hermana la mató Marcos Díaz, su ex novio, un hombre muy violento”, dice Edith a CyR. Cuando el caso estuvo en boca de todo el mundo, Playboy coqueteó con ella para que posara desnuda, pero todo quedó en una insinuación.

“La prensa amarilla quiso vender con esta historia. Dijeron cualquier cosa. Obvio que alguien que se casa con el asesino de su hermana no está bien de la cabeza, pero yo no maté a Johana. Esto se tiene que saber. Se sabrá cuando decidan juzgar al otro acusado”, dice Cingolani.

Desde un principio hubo dos sospechosos: Cingolani y Marcos “El tosco” Díaz, el último novio de Johana. Para los investigadores, los dos organizaron un plan para eliminar a Johana. “Era de ellos o de nadie”, argumentó un detective sobre el móvil del crimen. El 27 de junio de 2013, la Justicia condenó a Cingolani a 13 años de prisión. Los jueces tuvieron en cuenta tres pruebas: las manos del imputado tenían pólvoras según la prueba de parafina, un rastreo de perros comprobó que había estado en la escena del crimen y su coartada –que había pasado la noche en el casino y en la casa de una amiga- se derrumbó. Díaz será juzgado en otro juicio porque estuvo un tiempo prófugo.

Marcelina del Carmen Orellana, la madre de las gemelas, intentó impedir la boda en la Justicia. “Mi hija corre riesgo de seguir el final que tuvo Johana”, llegó a decir. Pero ahora se muestra resignada. “Qué se le va a hacer, confío en Dios. Pongo en sus manos a mi hija. ¿Si volvería a verla? Obvio, es mi hija y tiene las puertas abiertas de mi casa. Me reconciliaría con ella aunque siga con Cingolani y aunque estuviera embarazada”, dijo a CyR.

“Pocos casos similares resuenan en la historia en la región. Algunos en la literatura, como en la obra de Ricardo III, de William Shakespeare, el rey inglés vence en batalla a Edward de Westminster, quien muere en la lucha, y luego se casa con su esposa Anne”, escribió Vladimir Hernández, corresponsal en América de la BBC de Londres.

“Me llamaron periodistas de todo el mundo, hasta me ofrecían euros para dar la exclusiva. Nunca cobré y no me interesa. Sé que voy a salir libre porque es injusto lo que están haciendo conmigo. Trato de no comerme la cabeza y de trabajar. A Edith la veo dos veces por semana. Nos amamos y soñamos con tener cuatro hijos”, declaró Cingolani. Antes de cortar la comunicación desde la cárcel, dice: “Me mostraron como un monstruo, pero en el fondo soy un hombre enamorado”.


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