| Jefe de la superbanda

A los 64 años, el Gordo Valor salió de la cárcel y promete retirarse

Fue el jefe de la banda que robaba bancos y camiones blindados en los años 90. Acaba de cumplir una nueva condena. Promete un libro y una película.

Valor fue arrestado con varias armas.

Valor fue arrestado con varias armas.

El viejo ladrón está otra vez en la calle. Luis “el Gordo” Valor recuperó su libertad, este jueves desde la cárcel de Urdampilleta, donde lo esperaba su mujer, Nancy, su pareja desde hace más de 30 años. Jefe de la mítica superbanda, dedicada al robo de bancos y camiones blindados en los años 90, Valor tiene 64 años. Uno menos para jubilarse si se tratara de un hombre común, de un oficinista de saco y corbata. Al autor de la nota que reproducimos en este espacio, le dijo que no va a volver a robar. Y qué piensa en escribir un libro y en una película. Ojalá lo haga. Reproducimos este texto que publicamos hace 4 años, cuando salía otra vez de la cárcel. Pasen y lean.

Por Rodolfo Palacios.

“A mí me hicieron mala fama, pero nunca lastimé a nadie. Me han cargado hasta robos que no cometí. Los tiempos cambiaron. El delito cambió. Yo cambié. Ahora hay que cuidarse de los narcos y de los que te matan para robarte dos mangos”. El Gordo Valor está feliz. El ex líder de la mítica superbanda que robaba bancos y blindados recuperó la libertad las primeras horas del 1º de mayo.

El Juzgado de Ejecución Penal número 1 de San Isidro le concedió la libertad asistida, en respuesta a un planteo que había realizado en diciembre. Luis Alberto Valor debe someterse a ciertas restricciones. No puede tomar alcohol, ni andar por la calle por la noche, y mucho menos juntarse con malas compañías. “Eso está perfecto. En la cárcel yo vivía con disciplina. No voy a delinquir más. Quiero disfrutar de mi esposa Nancy, que estos últimos cinco años se bancó de todo. Es conmovedor lo que hizo por mí. Quiero disfrutar los días con ella. Volver a dormir a su lado. Lejos de todo lo malo”, dice Valor a CyR en la única entrevista que concedió hasta ahora.

Valor había sido detenido el 31 de julio de 2009 después de una accidentada persecución policial. El famoso hampón, que según la policía estaba por cometer un robo, chocó en su auto contra una fila de árboles del country Olivos Golf Club de Pablo Nogués, en el norte del conurbano bonaerense, una porción de campos y casas de dos plantas construidas en barrios cerrados, con vista a un lago, y vigilados por guardias privados las 24 horas.

Los policías le encontraron en el baúl del coche cuatro armas de fuego y objetos robados en una casa, entre ellos una guitarra acústica. Los investigadores lo acusaron de líder una banda que buscaba hacerse pasar por policías y fiscales que iban a hacer un allanamiento en un country.

En su última caída, el rufián llevaba pocos meses en libertad. Venía de estar trece años preso. “Me hicieron una cama”, dijo en su momento. Además contó que cuando salía a la calle era seguido a sol y sombra por un misterioso hombre.

“Ahora no puedo hablar de esa causa. Recién la semana que viene podré dar más notas. Lo único que me importa es vivir bien, al lado de mi mujer, disfrutar de mis hijos, de la libertad. No quiero volver a la cárcel. Voy a luchar día a día para no volver”, dijo Valor.

En la cárcel de Campana, donde estaba detenido, el célebre ladrón era un líder nato. Organizaba festivales para el Día del Niño con payasos y juguetes y para el Día de la Madre agasajaba a las mujeres que iban de visita con flores y empanadas.

“Ahora robar es más difícil por la tecnología, pero hoy a las armas las suplanta la inteligencia. Es una lucha de cerebros. El más capaz ganará la batalla. Lo más importante es que todos tengamos códigos: los que roban, los que no roban, los canas, los jueces. No puede ser que un ladrón salga a matar con ayuda de la Policía. El caso Candela me dolió mucho. ¿Cómo pueden matar a una nena?”, dijo Valor en 2012 a CyR.

Para el ex capo de la superbanda, los códigos del hampa cambiaron. Él mismo lo vivió en la cárcel. Antes, los presos le hacían reverencias por su leyenda criminal. Ahora, los más jóvenes no saben quién fue y tampoco les importa. “La droga está arruinando a los pibes. Hoy te arruinan por dos mangos. En la cárcel, un par de zapatillas puede ser una cuestión de vida o muerte”.