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Lecciones sociológicas para un gobierno golpeado

Por Eduardo Fidanza

Después de la corrida cambiaria, revolotea entre las elites y el público informado una pregunta insistente, que no tiene respuesta cierta: ¿qué le pasó al Gobierno?; ¿por qué un trayecto que podía culminar en la reelección se convirtió súbitamente en un presente difícil, plagado de incertidumbres, tareas desagradables y caída del apoyo social? A esos interrogantes les sigue otro: ¿es factible remontar las dificultades o la suerte está echada?, dilema que se evalúa en los círculos del poder y se escatima al resto de la sociedad, aún poco consciente de las consecuencias de la crisis. Las respuestas difieren antes por intereses que por el deseo de aproximarse a la verdad. Ya se sabe: la oposición le carga la cuenta al Gobierno y este se defiende señalándole sus responsabilidades. Sin embargo, los más lúcidos están obligados a identificar los errores que llevaron a Cambiemos al borde del precipicio. El Presidente ensayó la autocrítica, extraída de la psicología, no de la política: fuimos demasiado optimistas. Acaso haya que sumergirse en el trasfondo de ese estado anímico. Pasar de la psicología a la sociología, de cierto narcisismo iluminista a las consecuencias políticas de última instancia: la pérdida relativa de poder y legitimidad de un proyecto que se consideró innovador.

Esa sombra traumática, clavada en el corazón del optimismo Pro, actualiza la pregunta que se hace Gabriel Vommaro, en la conclusión de su libro La larga marcha de Cambiemos: “¿Podrán ‘los mejores’ construir por fin una sociedad de mercado y alejar el fantasma del populismo?”. Este sociólogo enmarca el interrogante en uno más amplio, planteado por Guillermo O’Donnell: ¿puede un sector de la sociedad “mucho más estrecho que la nación entera” establecer un régimen legítimo y duradero? En otros términos: es factible ese objetivo, que avanza, como escribe Vommaro, en contra de “las orientaciones estadocéntricas, proteccionistas y neocorporativas de la cultura política argentina, desde los sectores populares movilizados hasta los grupos empresarios asociados al mercado interno”. Se trata, en definitiva, de si un “gobierno de los ricos” puede tener una visión global e inclusiva de la sociedad, para conducirla y transformarla. Si eso fuera posible, concluye Vommaro, significaría “una revolución de las condiciones de producción de proyectos políticos en la Argentina”.


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