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La semilla de los muertos de ese otro 19

Por Celeste Benetti

La crónica iba a ser otra. Te iba a contar cómo viví yo la Plaza de los Dos Congresos hoy, cómo estuvo llena de personas que pensamos que podemos manifestarnos cuando estamos en desacuerdo con una propuesta del gobierno.
No te iba a contar de las piedras porque ya lo viste por televisión, y además merece un análisis sobre fuerzas, ejercicio del poder y otras cuestiones que no es para esta red social ni para esta hora.
Sí te iba a contar que mientras la columna de ATE se alejaba de la Plaza porque empezaban a arder los gases, algunas personas nos empezaron a tirar botellas de vidrio desde los balcones. Eso la tele no te lo mostró. Pero no me voy a extender. Ni voy a extenderme tampoco en cómo empezaron a dispararle a los sindicatos que se reagrupaban en la 9 de Julio. Seguro lo viste por la tele, aunque tal vez el plano se limitó a encapuchados y encasquetados y te perdiste a lxs trabajadorxs del Ministerio de Salud refugiándose en el edificio donde trabajamos, todavía intentando entender qué había pasado.
Todo eso iba a contarte con algo de desazón y mucha angustia. Pero salí a caminar porque escuchaba unas cacerolas q me traía el viento en esta noche de luna nueva. Entonces me encontré con mis vecinos reclamando en una esquina. Y después caminamos para encontrarnos con otros vecinos que también reclamaban. Y la esquina mítica del barrio se transformó en protesta.
Y acá viene lo que decidí contarte: que cuando concluyeron a balas y gases la marcha de hoy, esa que las cámaras hegemónicas eligieron no mostrar, se equivocaron. Sí, pensaron que la disolvían y no se dieron cuenta de que en realidad la multiplicaban. Germinamos rizoma en cada barrio porteño (y parece que en otros lugares también). Brotamos aquí y allá, en espacios más pequeños pero igual o más potentes, para hacernos escuchar.
No es necesario haber leído a Foucault ni a Guattari para entender la fuerza de esa multiplicación en microespacios. Basta con asomarse a lo que es ahora, ya madrugada, el Congreso. Basta con saber que somos miles los que hoy a duras penas vamos a dormir. Y no porque seamos vagos que mañana no laburamos, como leí por ahí. No, señor.
El insomnio es la certeza de que hoy, ya casi verano, la semilla de los muertos de ese otro 19 es eterna primavera.

Buenos Aires, 18—ya—19 de diciembre de 2017.


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