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Pico de tensión transoceánica en la CGT

Por Mariano Martín

La discusión por el proyecto de reforma laboral elevó al máximo la tensión en CGT y obligó a dos de sus líderes a pronunciarse a la distancia a favor. Incluso con buena parte de su conducción en Roma y sumergida en el clima de un encuentro presidido por el papa Francisco, las esquirlas de la protesta detonada por el camionero Pablo Moyano junto con un puñado de dirigentes alcanzaron todos los rincones de la central. Anoche el futuro de la cúpula parecía incierto.

La crisis se desató al suspenderse la presentación del proyecto en el Senado, prevista para el martes con los triunviros Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña. Esa exposición se había convertido en inviable para los legisladores peronistas, que exigían una cohesión inexistente de parte de la CGT, y para los propios sindicalistas, desautorizados por un sector minoritario pero influyente de la organización.

Al hijo mayor de Hugo Moyano le había bastado con forjar una alianza ecléctica con el bancario Sergio Palazzo, las dos CTA y dirigentes políticos y sociales kirchneristas para montar un plan de lucha en contra de un acuerdo que había refrendado antes la cúpula de CGT. Y con ello, incomodar al peronismo en el Congreso lo suficiente como para frenar al Gobierno. Ante el nuevo escenario la reforma ya no podrá evitar el protagonismo de Cristina de Kirchner como querían funcionarios y gremialistas.

De la mesa chica de la CGT el que quedó en peor posición fue Schmid, que integra el triunvirato en representación del sector de Moyano. Como tal había prestado su aval para que el proyecto fuese enviado al Congreso. Sin embargo, las protestas del hijo mayor del camionero y el plan de lucha lanzado lo desautorizaron al punto de que ayer circulara, al menos en Buenos Aires, una versión sobre su eventual salida de la jefatura de la central.

En lugar de ello Schmid difundió un comunicado casi en simultáneo con declaraciones de Daer, también desde Roma, ambos en igual sentido y términos casi idénticos: señalaron que en la iniciativa parlamentaria “no hay pérdida de derechos de los trabajadores”. El portuario alegó incluso que las protestas eran motorizadas por la oposición. Y ambos aprovecharon para despegarse de la reforma previsional. Cerca del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, admitieron que esos pronunciamientos bastaron para reconducir la negociación con el PJ, aunque todavía es incierto el resultado una vez planteado el debate interno en Buenos Aires.

El lunes habrá una reunión de la mesa chica de la CGT y durante la semana se prevé convocar al Consejo Directivo. En ese ámbito Moyano estará en minoría, pero la historia reciente de la central da cuenta de que la presión interna bastó en otras ocasiones para torcer la voluntad dialoguista de la mayoría. Pero incluso si no lo hiciera, el riesgo interno es de afrontar una ruptura, varias veces anunciada desde que en agosto del año pasado se reunificaron sus tres sectores internos mayoritarios.


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