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El karma del apellido, escándalos autogenerados en el tercer gobierno radical

Por Jorge Asis

Escribe Oberdán Rocamora, redactor estrella, para JorgeAsísDigital

Karma. Energía trascendente (invisible e inmensurable) que deriva en actos de las personas. Creencia central en las doctrinas del hinduismo.

 

Auto-acosado, el Tercer Gobierno Radical tiene que resolver los problemas que el mismo se genera.

Desaciertos que en sociedad se presentan, perdonablemente, como “errores”.

Sin embargo “detrás de cada equivocación siempre hay un chanta”.

(Lo sentenció el cuentista Isidoro Blaistein, en un arrebato de ingenio).

La Rotonda

A medida que el TGR se hunde solo en la ciénaga de su funcionamiento, se agravan, en simultáneo, los dramas verdaderos de la “herencia recibida” (pretexto del que ya no pueden abusar).

Al diluirse entre los escándalos autogenerados, se extiende invariablemente el rencor hacia todo aquello que pueda asemejarse a una alternativa.

En la desertificación ideológica, típica del país anclado en la emergencia intelectual, las alternativas no abundan. Al contrario.

La Rotonda es demasiado previsible. Los caminos que se abren son conocidos, la posibilidad de extraviarse es relativa.

La coalición de los fibrosos radicales, más el séptimo sello de la señora Carrió, La Demoledora, y el PRO, partido hegemónico de Mauricio Macri, debe convivir con los papelones que se amontonan.

No pueden evitar que se dirija la atención hacia la Franja de Massa. O a la concatenación de fragmentos dispersos que suelen invocarse como peronismo.

Según Domingo Cavallo, El Corralero, la Franja de Massa es como alternativa “mucho peor que la del kirchnerismo”.

Con seguridad Cavallo lo confirma por la influencia rectora, en la Franja, de dos de sus denostados. Roberto Lavagna, La Esfinge. Y José Ignacio de Mendiguren, El Frate Entusiasta.

Terror a la fotografía

La astucia de Sergio Massa, Titular de la Franja, resulta insuficiente pero trepa en las encuestas. Cree que debe succionar entre los apoyos del macrismo desencantado, para construir ilusoriamente la “ancha avenida del Medio” que existe, tan sólo, en la planificación discursiva.

Si se traspasa rápido la atención de la Franja de Massa no queda otra alternativa que atender el fenómeno colmado de franquicias del peronismo. En cualquier momento, al olfatearse el aroma del poder, las franquicias suelen recomponerse. Para elaborar una fotografía distinta a la del menemismo o kirchnerismo. Hoy se encuentra sin líderes pero con multiplicidad de dirigentes que estimulan secretamente el afán de liderazgo.

Y es precisamente una fotografía relativamente improvisada la que desplegó el repentino terror hacia el retroceso.

Concentra a mini-gobernadores del Grupo Esmeralda, como Martín Insaurralde, El Jésico, junto al inquietante Grupo Fénix, que contiene la oposición territorial de La Matanza, representada en Fernando Espinosa, Argentino Ledesma.

Ambos Grupos, Esmeralda y Fénix, aparecen en la postal acompañados de Máximo, En El Nombre del Hijo. Lo que significa confirmar: por La Doctora.

Fotografía que anticipa un retroceso demasiado rápido. Fortalece la pasión racional del antiperonismo.

Es un virus (el antiperonismo) que se apodera de los republicanos enternecedores.

Crédulos fáciles con utópicas intenciones. Casi convencidos que la tentación populista había culminado. Merced a la irrupción transformadora de Mauricio, y a las claves filosóficas aportadas por el pensador Durán Barba, El Equeco, y Rozitchner junior, Profesional del Entusiasmo.

Por la debacle anticipada del TGR y sus “errores” míticos, los “caranchos” -según editorialista de La Nación- vuelven prematuramente a reproducirse y obstaculizar a La República.

Sin siquiera recurrir a la clásica intención de re-significarse con un flamante discurso pragmático. Ni con el estreno de otros rostros.

De ningún modo. Vuelven los de siempre. Rostros que el gorilismo creía haber desterrado para siempre.

No obstante, por los “errores” cometidos, los “populistas” plantean el objetivo del regreso. Para comportarse, con seguridad, peor que antes.

Consecuencias del gorilismo racional que se convierte en género literario. Y que peroniza, de manera anárquica, a una parte de la sociedad que dudaba.

En el país donde todo, invariablemente, termina mal (pero nunca con tanta celeridad).

La Doctora y el fracaso de Clarín

La vigencia política de La Doctora marca la magnitud del fracaso del Grupo Clarín. En principio, por la vengativa obsesión de apresarla.

En simultáneo La Doctora signa, con su vigencia y centralidad, el fracaso temprano del Tercer Gobierno Radical. Específica responsabilidad que se le atribuye a Mauricio, aunque niegue haberse prodigado en polarizar con ella. Para menoscabar a Massa, que lo atormenta descaradamente desde la campaña. Y para mantenerla viva, lo cual La Doctora lo logra por su cuenta y sin necesidad de ayuda.

La representación que aún conserva el ticket La Doctora-Scioli, en la provincia (inviable) de Buenos Aires, desespera a los republicanos enternecedores. Los que no admiten siquiera la posibilidad del fracaso. La post verdad que los rebela. Justo cuando la trituración insaciable del pasado inmediato deja de ser redituable.

Para sostener un discurso oficialista ya no basta con el “efecto comparativo”.

Son argumentos que “pierden impacto”, confirma Rosendo Fraga. Debe ponerse además algún mérito. Sin conformarse con anunciar, como si se tratara del ganador del Oscar, el fin de la recesión, según la simpática ocurrencia del ministro Dujovne, Bruno Gelber.

Las inocentadas del TGR combinan “omnipotencia con ingenuidad”. Lo confirma confidencialmente otro paladar negro del macrismo.

Los sucesivos escándalos desbarataron el relato diferenciador. Sea con los miserables papeles de Panamá, con las alcahueterías que bajan desde Brasil, con las desprolijidades obvias del Correo o de la aviación.

Pese a la yuxtaposición de intereses privados, comerciales y familiares, los republicanos enternecedores nunca deben aceptar que sus patologías puedan compararse con las patologías del kirchnerismo.

Aquellos que se fueron (los que amagan con volver), robaban porque son chorros. Saqueadores.

Los republicanos que se pegotean los dedos con membrillos son simplemente seres inexpertos que se equivocan, sin maldad.

La cuestión que, en menos de quince meses, al Presidente Macri se lo asocia con lo más cuestionable del Grupo Empresario que arrastra el karma del apellido. Y sin ninguna de las virtudes. Como la audacia inescrupulosa que le permite salir siempre del mal paso. Del quebranto transformado en triunfo. En cualquier gobierno. Sea peronista, militar, o -como el vigente- radical.

Nadie los quiere voltear

La desesperación de los republicanos enternecedores que se aferran a Macri aporta un marco de color al desmoronamiento (que no existe).

El TGR atraviesa el período de la adversidad transitoria. Debe recuperarse. Basta acertar con algunas medidas. Con no autogenerarse más escándalos.

Nada tiene enfrente el TGR que se proponga voltearlo. El adversario se había resignado a la derrota, se disponía a dejarlo hacer. A competir, entre sus figurones, para mostrar quién era el más eficiente dador voluntario de gobernabilidad.

Al cierre del despacho, el sector de la sociedad que los ungió dista de haberse hartado por los escándalos autogenerados. Todavía banca.

Aunque produzcan un gobierno vulnerable, sin emoción, adicto a la combinación de incompetencia e insustancialidad.

Los “omnipotentes ingenuos”, cargados de frases armadas y slogans huecos, se auto acosan con sus propios escándalos.

De ningún modo los acosa quienes amagan con la recuperación express, facilitada por la sumatoria de chantas que el TGR, antes que sea tarde, se resiste a suplir.


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