| Una jueza temible

La historia secreta de Sandra Arroyo Salgado y cómo llegó al juzgado de San Isidro

Los vínculos de Nisman fueron decisivos para su nombramiento. Su cercanía con Jaime Stiuso. Cuáles son las causas más pesadas. Por qué fue al programa de Mirtha.

Kirchner la nombró jueza en San Isidro.

Kirchner la nombró jueza en San Isidro.

Por Rafael Saralegui

Miraba sus interlocutores con la cara seria, como a disgusto con la situación. Del otro lado del escritorio, un grupo de dirigentes sociales y diputados nacionales, le pedía que revisara la situación de una decena de obreros que habían cortado la ruta Panamericana en defensa de las fuentes de trabajo. La Gendarmería los había arreado sin más trámite y se los había llevado a todos, a los trabajadores, a sus mujeres, a sus hijos, en micros hasta Campo de Mayo. Un arresto colectivo sin orden judicial. Su señoría, escuchó, apenas pronunció palabra y luego acompañó hasta la puerta a esos hombres que la habían ido a visitar. Que se habían atrevido a llegar sin haber sido invitados. A los pocos días, procesó a los protagonistas de la protesta.

Sandra Arroyo Salgado, 45 años, es una mujer severa, que llegó a ocupar muy joven el juzgado federal más importante de la provincia de Buenos Aires, el número uno de San Isidro, gracias a sus contactos políticos y los buenos oficios de su ex pareja, el fallecido fiscal Alberto Nisman, y del ex todopoderoso Director de Contrainteligencia de la ex Side, Antonio “Jaime” Stiuso. Se ha hecho fama de dura. Los abogados que trabajan en la zona Norte se agarran la cabeza cuando saben que deben enfrentarse con la jueza. Conduce el juzgado con mano de hierro. Sus secretarias privadas atienden el teléfono con fingida cortesía y después de media docena de llamadas cortan, cuando desde el otro lado de la línea se les pide un CV oficial con los antecedentes de la magistrada. La jueza dice cultivar el bajo perfil y no tener contacto con los medios, pero no duda en sentarse ante la mesa de Mirtha Legrand (13,5 puntos de rating) para defender sus tesis de que Nisman fue víctima de un sofisticado homicidio.

Nisman y Arroyo Salgado se conocieron a fines de los años 80, cuando los dos trabajaban en el juzgado federal de Morón, a cargo de Gerardo Larrambere. Ella muy joven, una empleada apenas que estudiaba derecho en la UBA. Nisman, ya en carrera judicial, dispuesto a llegar lejos, según los recuerda un abogado de la zona. “El siempre fue muy mujeriego”, dijo la fiscal Fabiana León, vieja amiga de la pareja, en un reportaje. La relación siempre fue tormentosa. Y así siguió durante años. Pero también tuvo sus momentos de placer: hay quien recuerda haber visto a los dos de paseo por el Delta, en el barco de un juez amigo, o jugando al tenis en las canchas del country Highland, en Pilar, donde ella conservó la casa tras el fin de la convivencia.

Nisman y Arroyo Salgado nunca se casaron. La convivencia bajo el mismo techo se prolongó durante 17 años: entre 1994 y 2011, cinco años después de que ella llegara al juzgado federal de San Isidro, gracias a la ayuda de su ex pareja. Vivieron juntos en un departamento no muy grande en el centro de Buenos Aires y luego emigraron para el Highland. Nunca se aclararon los motivos de la separación, pero en los corrillos de los tribunales federales dicen que ella no se bancaba más las correrías de Nisman, que estaba a cargo de la fiscalía con el presupuesto más alto del país. Fruto de esa relación fueron dos hijas mujeres, Iara y Kala, de 15 y 9 años. “Necesito darle a ellas una respuesta”, dice Arroyo Salgado, en la mesa de Mirtha. Fue la hija mayor quien la habría convencido de presentarse en el programa de la veterana actriz para limpiar la imagen de Nisman, después de que se conocieran sus fotos con alegres jovencitas, que tenía una cuenta en el Banco Merrill Lynch de Nueva York que nunca había declarado en la Argentina y que a Diego Lagomarsino, le pedía todos los meses la mitad de su sueldo de 41 mil pesos, por sus servicios de experto en informática.

Su hija mayor la convenció de ir al programa.

Su hija mayor la convenció de ir al programa.

Antes de sentarse en la mesa de Mirtha, Arroyo Salgado caminó bajo la lluvia, acompañada por sus hijas, en la multitudinaria marcha que un grupo de fiscales enfrentados con el Gobierno organizó el 18 de febrero para “homenajear” al fiscal que durante diez años estuvo al frente de la UFI-AMIA para investigar el peor atentado de la historia argentina. Esa mujer de cuerpo delgado, caminaba con los cabellos rubios mojados, perdida por un rato la imagen de elegancia y compostura que suele exhibir, para formar parte de una manifestación que impacta en el corazón de la agrupación política que dirige el destino del país desde 2003. Es la misma administración que hace casi una década, en 2006, la puso al frente del juzgado federal más estratégico de la provincia de Buenos Aires. La multitud responsabiliza al Gobierno por la muerte de Nisman, cuyo cadáver fue encontrado en su departamento del piso 13 de una de las torres Le Parc, en Puerto Madero, en la noche del 18 de enero. Esa noche, Arroyo Salgado estaba del otro lado del Atlántico, en España, junto a Iara, después de haber sido abandonada por Nisman en el aeropuerto de Barcelona, cuando volvió de urgencia a la Argentina para denunciar a la presidenta Cristina Kirchner de haber encubierto el ataque contra la AMIA a cambio de petróleo y negocios. La pareja discutió a los gritos por teléfono por el apresurado regreso de Nisman, que compartía con su hija mayor un viaje por Europa por sus quince años.

“Ellos se odiaban. No tenían la relación común de una ex pareja. Allí directamente había odio”, dice un allegado al fiscal fallecido. Pero todo cambió. Desde la muerte de Nisman, Arroyo Salgado utilizará el peso de su cargo para querer direccionar la investigación a cargo de la fiscal Vivian Fein y dará pasos precisos, públicos y privados, con tal de lograr su objetivo. Hasta pedir el apartamiento de Fein por no seguir la tesis del homicidio que ella sostiene. Es la misma rigidez con que lleva las riendas del juzgado, donde sólo confía en un grupo reducido de colaboradores, no más de dos o tres, que es con quiénes evalúa las pesquisas de pesados grupos narcos o cómo llevar adelante expedientes con delicadas derivaciones políticas, cómo lo fue en su momento la causa por los hijos adoptados –en forma ilegal- por la dueña del diario Clarín, Ernestina Herrera de Noble. En ese sumario se determinó que Felipe y Marcela no eran hijos de desaparecidos, como sostenía el Gobierno, aunque nunca se aclararon del todo las irregularidades en la adopción. “Cuando estaba tramitando esa causa fue a una entrevista en la televisión con Mariano Grondona. Estuvo impecable, explicó los fundamentos que había en el expediente, porqué era necesario extraer el ADN de los hijos de Ernestina. Y por qué habría que hacerlo por la fuerza si era necesario. Lo dejó a Grondona sin palabras. Al ratito me llama Alberto (Nisman) para preguntarme si había visto la nota y cómo había estado Sandra. Le contesté que había estado bárbaro y después me pasó el teléfono para hablar con ella, que estaba muy nerviosa porque no estaba acostumbrada a dar notas”. Sergio Burstein, que integra uno de los grupos de familiares de víctimas del atentado contra la AMIA, tenía una estrecha relación con Nisman, un hombre ducho en hablar ante los micrófonos. Sandra, en cambio, prefería tener a los periodistas lo más lejos posible. Y sólo daba alguna nota cuando no lo quedaba más remedio. Por ejemplo, a la Televisión Pública para hablar de la causa de los hijos de Noble. En eso, no tenía nada en común con sus antecesores en el Juzgado Federal N°1 de San Isidro, Roberto Marquevich y Daniel Piotti, dos hombres de alta exposición. Marquevich fue destituido de su cargo el 8 de junio de 2004, acusado de mal desempeño, por haber ordenado el 17 de diciembre de 2002, el arresto de Herrera de Noble, en la causa por la que investigaba si Felipe y Marcela eran hijos de desaparecidos. Exactamente dos años después de la destitución de Marquevich, el 8 de junio de 2006, se publicó en el Boletín Oficial el decreto 713/2006 con la firma del presidente Néstor Kirchner y del ministro de Justicia, Alberto Iribarne, por el cual se nombraba a Arroyo Salgado, como titular del Juzgado Federal N°1 de San Isidro. Con una velocidad inusual, el Consejo de la Magistratura había llevado adelante el concurso 112/05 para designar la vacante que había generado la salida de Marquevich. “Recuerdo que en ese momento todos decían que ese concurso ya tenía un candidato. Hablaban de Arroyo Salgado. Pero entonces yo no la conocía. No había tenido trato con ella. La vi por primera vez el día de las audiencias”, dice un abogado que había participado del concurso y que había tenido mejor resultado en la prueba escrita que la elegida por Kirchner. En la evaluación de los antecedentes, Arroyo Salgado quedó en el puesto 14 entre los 31 postulantes que llegaron a esa instancia. En cambio, en la prueba de oposición quedó entre los primeros lugares al obtener 94 puntos sobre cien, relegando a algunos concursantes con mayor experiencia. Luego de que se promediaron los puntajes obtenidos en antecedentes y en la prueba de oposición, Arroyo Salgado quedó tercera. Luego de las impugnaciones y de las entrevistas personales que se realizaron a los postulantes pasó a ocupar el primer lugar de la terna, acompañada por Juan Pablo Salas y Raúl María Cavallini, que luego fue elevada al Poder Ejecutivo.

Arroyo se peleo mal

Después de la separación Arroyo se llevaba muy mal con Nisman.

¿Quién era esa chica? ¿Esa tapada que pocos conocían y marchaba a paso firme a ocupar el puesto del codiciado juzgado federal uno de San Isidro? “Nisman había negociado con Kirchner el juzgado para ella”, dice un abogado que colabora con las entidades judías. En las negociaciones también participó Stiuso, el ex espía caído en desgracia, a quien Kirchner le encomendó que trabajara con Nisman codo a codo en la investigación del atentado. Salas, uno de los ternados con Arroyo Salgado, terminó luego como juez federal de Morón y tuvo a su cargo la causa por la muerte de Pedro Viale, conocido como El Lauchón, un agente de la Side, que reportaba Stiuso, y que había sido asesinado en su casa de La Reja durante un operativo de la Policía Bonarense en una causa por drogas. Stiuso estaba convencido de que ese crimen era un mensaje dirigido a él, que tenía una pelea con la fuerza de seguridad de Daniel Scioli. Viale recibió una decena de disparos cuando estaba en el dormitorio de su casa.

Arroyo Salgado tenía no sólo el respaldo de su ascendente pareja. Contaba también con algunos padrinos políticos. Había sido colaboradora del senador Jorge Yoma y tenía buena relación con el titular de la bancada del Frente para la Victoria en la Cámara de Alta, Miguel Angel Pichetto, según cuentan fuentes parlamentarias de la oposición. Arroyo Salgado se había recibido de abogada en la UBA y siempre había hecho carrera en la Justicia. Después de arrancar su carrera en Morón, hizo el salto hacía Buenos Aires. Desde el 2000 fue secretaria de Asuntos Jurídicos durante la gestión del riojano y menemista Miguel Angel Romero al frente de la Defensoría General de la Nación. Romero renunció a la Defensoría en 2006. Allí dicen que Arroyo Salgado fue defensora ad hoc ante muchos Tribunales Orales Federales en los tribunales de Comodoro Py y que así se fue formando en el seguimiento de diversos tipos de delitos. Sus amigas de entonces prefieren no hablar. Guardan silencio y no sueltan palabra ante la promesa del off más estricto. Es como si le temieran. “Es una déspota”, exagera un colega. Un dirigente social, cercano al oficialismo, pero alejado hoy del Gobierno, dice en cambio que Arroyo Salgado, es una mujer dura, pero honesta, y que es muy respetada en el ámbito de los derechos humanos.

El lunes 19 de enero, Nisman tenía una cita en el Congreso: había sido citado por diputadas de la oposición, Laura Alonso y Patricia Bullrrich, entre otros, para que les diera detalles de la denuncia contra la presidenta Cristina Kirchner y el canciller Héctor Timernan por encubrimiento. Arroyo Salgado ocupó su lugar. Se presentó el 12 de febrero ante legisladores de todos los partidos para defender al fiscal muerto. Fue la primera aparición pública y causó un gran impacto. “Quiero pedirles un trato prudente, ético y responsable a todos los miembros de las instituciones del Estado, de los distintos poderes, porque -de algún modo- todos somos servidores públicos y debemos fortalecer las instituciones; fortalecer la independencia de poderes, dar el ejemplo a la sociedad, respetar el espacio de otro Poder, dejar que la Justicia y el ministerio Público Fiscal trabajen tranquilos, y debemos creer en las instituciones de la República”, leyó. Al comienzo dijo que había garabateado unas palabras antes de hablar. Un diputado radical que estaba presente ese día en el Congreso revuelva semanas después su café apenas cortado mientras cuenta otra versión. “Tenía muy claro lo que iba a decir y no se apartó del libreto ni un segundo. Fue teatro eso de que iba a improvisar. Ya venía con todo escrito”, evalúa el legislador, que en privado abona la teoría del suicidio de Nisman y no comparte la del homicidio que empuja Arroyo Salgado. “No sé porque habla de homicidio. Quizás por la póliza de seguro, no lo sé”, se sincera.

El viejo Concejo Deliberante de San Isidro funcionaba en una vieja casona, sobre las calles 9 de Julio y 25 de Mayo de esa ciudad, y cuando los ediles se trasladaron a la nueva sede el espacio fue acondicionado como un teatro para la realización de espectáculos. Allí se presentó la jueza Arroyo Salgado, en otra estudiada actuación, por la escenografía y por el texto que iba a recitar, el 5 de marzo para anunciar las conclusiones del equipo de expertos que contrató para que la acompañen en la querella. «Nisman no sufrió un accidente, no se suicidó, sino que lo mataron», dijo la jueza, acompañada en el estrado por los médicos forenses Osvaldo Raffo y Julio Ravioli , el ex jefe de la policía bonaerense Daniel Salcedo (como criminalista) y el defensor oficial Germán Carlevaro. «Se trata de un magnicidio de proporciones desconocidas, que merece respuestas por parte de las instituciones de la República», aseguró al dar algunos datos del informe presentado ese mismo día en la causa. Pese a la enorme convocatoria de medios de prensa, la jueza ni sus peritos aceptaron preguntas. Sus asesores se sentaron a su lado mientras Arroyo Salgado enumeraba algunas de las conclusiones. A pocos metros del viejo Concejo tiene sus oficinas el intendente de San Isidro, Gustavo Posse. El alcalde, abogado de formación, tiene en alta consideración a la jueza federal, pese a que tramitó varias causas en las que se mostró cercana al Gobierno. Allegados a Posee dicen que la considera una mujer seria, con coraje y que debería ocupar un cargo en la Suprema Corte de Justicia de la provincia.

Ese día comenzó vislumbrarse en forma pública su intención de sacar a Viviana Fein de la causa por no estar convencida del homicidio de Nisman y de llevarla a la justicia federal, donde podría tener mejor recibida. En privado, las discusiones entre las dos mujeres eran conocidas. Empleados de fiscalías vecinas dicen haber escuchado peleas a los gritos por la forma en que Fein direccionaba la investigación. Dicen que no le perdona haber ordenado la autopsia al cuerpo de Nisman sin la presencia de sus peritos. Sin embargo, pese a que tuvo la oportunidad de hacerlo antes de que el cuerpo fuera sepultado, Arroyo Salgado no pidió la realización de una nueva necropsia y Nisman fue sepultado en el cementerio judío de La Tablada.

Un abogado que ha tenido que defender a acusados de narcotráfico, imputados de medio pelo, no grande capos, en el juzgado de Arroyo Salgado, dice que la jueza es muy proclive a aceptar “lo que le trae la policía”. Confía en las pesquisas de los bonaerenses realizadas con la colaboración de los espías de la ex Side. “No se para a pensar si son procedimientos armados, si hay vueltos, coimas o cosas raras. Parece que no le importa”, agrega el letrado que prefiere no dar su nombre por razones obvias. Otro abogado confirma la misma idea. “No escucha. Actúa como fiscal, no como jueza. Es imposible hablar con ella”, asegura.

De todos modos, ya sea por motivaciones políticas o por genuino convencimiento, Arroyo Salgado no duda en jugar fuerte en causas sensibles. El 30 de diciembre del año último, la jueza federal ordenó el allanamiento de las tres sedes de la fiscalía general de San Isidro, a cargo de Julio Novo, por encubrimiento de narcotráfico. “Esa causa, N 3468/13, caratulada “Novo y otros s/ encubrimiento” vincula, entre sí los expedientes más resonantes en la materia: los crímenes de Unicenter, San Fernando y General Rodríguez, el tráfico de efedrina, la detención del narco colombiano Mi Sangre, el lavado de dinero del narcotráfico con fideicomisos en barrios privados del Tigre y el contrabando de casi una tonelada de cocaína a España, por el que fueron detenidos y condenados en Barcelona los hermanos Gustavo Adolfo y Eduardo Juliá, hijos del ex jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea durante el gobierno de Carlos Menem, brigadier José Antonio Juliá”, escribió el columnista de Página 12, Horacio Verbistky, el 11 de enero, antes de la muerte de Nisman. Luego pasó a calificar a la magistrada como integrante de “la escudería Stiuso”. Novo, a quien se vincula con el ex intendente de Tigre Sergio Massa, fue denunciado por fiscales de primera instancia, quienes aseguraron haber sufrido todo tipo de trabas y amedrentamientos para investigar casos como el homicidio de supuestos narcos colombianos en el shopping Unicenter.

Después de la causa por los hijos de Ernestina Herrera de Noble, el proceso a cargo de Arroyo Salgado que más interesa en el mundillo de los medios es la que investiga una supuesta asociación ilícita para espiar mails de funcionarios y comerciar sus contenidos. En ese expediente están procesados, entre otros, el principal columnista del diario La Nación, Carlos Pagni, y el ex titular de la ex Side en tiempos de Menem, Juan Bautista “Tata” Yofre, también recordado por haber sido pareja de Adriana Brodsky, la bebota del malogrado capocómico Alberto Olmedo. Los procesamientos fueron confirmados y la causa se encontraba hace unos meses en condiciones de ser cerrada para que se realice el correspondiente juicio oral. En ese expediente está procesado Héctor Alderete, titular del portal Seprin, una página web que siempre se vinculó con los servicios y que carece de filtros para publicar casi todo lo que les llega. “Ella es Stiuso. Tienen muchas cosas en común, negocios”, dice Alderete, que recusó a la jueza. Esa causa se originó cuando Stiuso tenía una buena relación con el Gobierno, antes del cisma de diciembre, cuando Cristina Kirchner expulsó de la ex Side a la cúpula que había nombrado su marido. Stiuso fue obligado a jubilarse y a las pocas semanas se conoció la denuncia de Nisman por encubrimiento. Arroyo Salgado dijo haber hablado con el superagente días después de la muerte de su ex pareja. Dijo que le dio las condolencias.

Elazar es la actual pareja de Arroyo.

Elazar es la actual pareja de Arroyo.

Años después de separarse de Nisman –nunca se casaron- Arroyo Salgado comenzó a salir con Guillermo Elazar, un abogado que supuestamente nunca ejerció y que se dedicó a llevar adelante emprendimientos comerciales, como el local Follia, habilitado para realizar fiestas y que en realidad funcionaba como discoteca vip en terrenos del Club Ciudad de Buenos Aires. Elazar fue quien declaró haber retirado del kiosco de su canillita una revista Noticias con un círculo negro sobre una foto de Nisman. Denunció el hallazgo en el juzgado federal de Luis Rodríguez, también de buenos vínculos con los expulsados de la ex Side, donde se tramitaba una vieja causa de Nisman por amenazas. La pericia mostró que la marca había sido realizada en forma adrede fuera de la imprenta. Lo no dicho era la posibilidad de que la causa por la muerte de Nisman pasara a tramitarse en ese juzgado, el deseo secreto de Arroyo Salgado.


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