| Panorama Judicial

El espanto de la familia judicial

Una muchedumbre salió a respaldar al suspendido fiscal Campagnoli. El hecho provoca sorpresa en Tribunales y malhumor en la Casa Rosada. Porqué no habrá una cruzada anticorrupción.

Una multitud salió a respaldar al fiscal.

Una multitud salió a respaldar al fiscal.

Por María Justina Anglada

La Justicia, sus actores y circunstancias han llegado a las calles. Para espanto de la recoleta familia judicial, afecta a los ámbitos reservados y a cierta «aristocracia magistral», hubo la semana pasada una muchedumbre callejera y bullanguera con pancartas y elementos estridentes que agitó consignas para respaldar al suspendido fiscal José María Campagnoli, que afronta un juicio político impulsado por la Procuradora General, Alejandra Gils Carbó.

No debería sorprender, éste es un país donde desde la Revolución de Mayo -the beginning- cuando aparentemente el pueblo quería «saber de que se trata» y pasando por guerras, revoluciones, festejos de Copa Mundial, etc, todo lo que en realidad se decide en lugares reservados, se expresa finalmente en las calles. Un espontaneismo que aplaudió desde los balcones las marchas piqueteras que hoy deplora, que marchó a la Plaza en defensa del «campo» ajeno al que pretendían sacarle rentabilidad y que también dejó cadáveres sobre el pavimento en la represión de 2001. Así las cosas, el fornido fiscal tuvo su propio 17 de octubre, algo inimaginable para «La Casa».

Porque una cosa son las revistas de actualidad y los magazines costumbristas mostrando alguna que otra excentricidad -generalmente ostentosa- o faceta pintoresca a que nos tienen acostumbrados desde siempre algunos de estos semidioses que entreabren las puertas del Olimpo, pero otra muy distinta es «meter a la gente a opinar» en cuestiones que presuponen un saber hiper calificado.

Ya CrimenyRazon había anticipado en el Panorama anterior la expectativa en ciertos cenáculos por generar un clima de reivindicación sobre la administración de Justicia y sus actores y emparentar con el famoso proceso Mani Pulite italiano con la apuesta por una cruzada nacional anticorrupción.

Hasta con algún parecido fisonómico -fornidos e impetuosos- , y con cierto sex-appel para nosotros, los medios intentaron emparentar la figura del mítico Antonio Di Pietro con su par argentino Campagnoli, que sin embargo repitió desde Milán lo mismo que dijo en Buenos Aires hace unos meses en charla franca con un puñado de colegas especializados: «Decidí dedicarme a la política cuando entendí después de tantas batallas y hasta de mis amigos asesinados que sin poder político es muy difícil resolver la corrupción solo con jueces y fiscales».

De modo que marketing aparte, es difícil imaginar un «mani pulite» al uso nostro, las condiciones en uno y otro caso son muy distintas y los protagonistas o eventuales actores también:

*el «sistema» italiano había tolerado una corrupción política fenomenal basada en una Europa dominada por la Guerra Fría y el terror al «eurocomunismo» que tenía en Italia al mayor Partido Comunista de Occidente. Evitar «el fantasma más temido» dio para todo…, incluso para dejar que La Mafia operase » a piacere». La URSS y el Muro de Berlín no se derrumbaron solo en la margen oriental, cayeron encima también de tanto descalabro y más de 3000 hombres entre funcionarios y empresarios que pasaron por tribunales, incluidos tres ex Premiers condenados. Una revolución sin fusiles con el Código Penal bajo el brazo que terminó con un modelo ilícito de financiación de los partidos políticos (el famoso Pentapartido: Democracia Cristiana, P.Socialista; P. Republicano, P. Liberal, y el Socialista Democrático).

*no fue un hecho mediático ni aislado, si bien Di Pietro emergió como la figura pública el Proceso estuvo a cargo de un grupo compacto de fiscales, sin grietas; una verdadera cofradía con núcleo en Milán pero que se extendió a la Procuración de Roma, de Nápoles y donde el Sistema Judicial, basado en la carrera de mérito e independiente cerró filas y blindó a los jóvenes fiscales.

Nada de eso pasa aquí, la Justicia está atravesada por divisiones profundas que van desde cuestiones y egos personales hasta razones políticas y/o ideológicas o de intereses. Hay una politización extrema y la «carrera judicial» y el «mérito» es lo que menos cuenta.

De modo que descartado el plano judicial, el poder político que podría impulsarlo -el mismo que Di Pietro señala que se defendió con uñas y dientes y como «sistema»- no tiene en el país vocación alguna por promover «pulido» alguno, más preocupado por consolidar una eventualidad gobernabilidad a la luz del escenario internacional en materia financiera y de inversiones.

Si se repasan los candidatos con posibilidades de llegar a Balcarce 50 (siendo generosos): Massa, Scioli, Macri, Sanz, Binner, Randazzo se advierte claramente que ninguno porta emblema de cruzado anti-nada y menos en un tema demasiado extendido subrepticiamente entre los pliegos menos pensados de cualquier administración.

De modo que más allá del voluntarismo y la solidaridad callejera, el coraje del fiscal difícilmente tenga la misma utilidad que con Di Pietro y tampoco sea el prólogo de nada. El italiano -a quien no conoce- implacable, malhumorado y de pocas pulgas como buen fiscal no conoce el proceso argentino, a los funcionarios ni a la presidenta Cristina Kirchner, pero sí guarda un cálido recuerdo de su marido fallecido y de horas de diálogo franco entre dos hombres «progresistas», cuando el fiscal estuvo haciendo campaña en Argentina.

Sí conoce y mantiene un diálogo remoto con un grupo informal, transversal, inorgánico, «una mesa de amigos» de políticos del ámbito de la Justicia del pelaje más variado que pueda imaginarse, todos con responsabilidades y relación directa y personal con los candidatos y hasta diálogo con el Gobierno, que sin anécdotas mediáticas recogen del italiano -y maceran ellos mismos- fórmulas para fortalecer los Organismos de Control, los sistemas de Auditoria del Estado y los mecanismos de cerrojo al «Lavado», la circulación ilegal de divisas y cómo mejorar los estándares que ante organismos como el GAFI vienen bastante alicaídos.

Campagnoli no obstante se ha convertido en un símbolo y por ahora el ícono de un accionar de algo asimilable a una Justicia independiente, aunque en lo estrictamente normativo efectivamente haya pateado al arco estando técnicamente en off-side. Lo parádojico es que esa forma de actuar no era novedosa: hiperactivo, enamorado de su trabajo, el fiscal cruzó esas líneas más de una vez, incluso en algunas ocasiones por propio interés de quienes hoy lo sentaron al banquillo.

En este mundo de límites lábiles el error fue pensar que Campagnoli, funcionario en los albores del Kirchnerismo estaba comprometido con algo más que la sola intención de investigar, que es para lo que cobra sueldo.

El affaire con el fiscal, sus raids mediáticos y su popularidad en el micro-mundo del poder le hace poca gracia al Gobierno que mide costos sobre beneficios. El alto perfil de la Procuradora no tiene muchos adherentes en los cenáculos de Olivos. El caso Clarín esta superado por temas más serios y urgentes, la Reforma Judicial quedó por ahora descansando en los anaqueles y el mismo pragmatismo que muestra CFK frente a la negociación con los Fondos Buitre se impone también para encarar el «cierre» politico-judicial de diez años de Gestión más que intensa. El alto perfil y tanto meneo no ayuda al objetivo, ya bastante agitación hay como para echar mas leña al fuego, y menos «movidas callejeras».

El Ejecutivo no sabe si antes de finalizar su mandato se verá obligado a encarar el recambio de miembros de la Corte, entre otras cosas porque eso depende mąs de Dios que de los hombres. El alto perfil de la Procuración no ayuda a la concordia si llegase el momento. El radicalismo que aporta los 2/3 de los votos para cualquier movida ha quedado resentido después -según ellos mismos se lamentan- de haber contribuido más al encumbramiento de Gils Carbó que el propio oficialismo. No entienden mucho la transfiguración de una mujer inteligente, una trabajadora corriente de clase media y respetada por sus pares, aunque algún indicio tuvieron cuando instalada ya en el nuevo edificio de Avenida de Mayo, mandó tres veces a cambiar un juego de té porque ninguno la conformaba.

Otros memoriosos recuerdan una anécdota con su predecesor cuando una mañana soleada le acercaron al anterior Procurador una carpeta con una propuestas de Comunicación Pública para «fortalecer» la imagen del Ministerio Público. Righi, que no es ese viejito simpático con cara de bonachón y sonrisa tímida que mostraron los medios cuando tuvo que poner violín en bolsa, tomó la carpeta y la arrojó literalmente con vehemencia por la ventana del despacho «que imagen ni que ocho cuartos, yo no existo, ¿no entendieron?».

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